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Diario de información económica del sector inmobiliario

19 Nov 201823:13

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‘Mi equipo’

Mi equipo.

 

 

¡Qué importantes han sido los diferentes equipos humanos en los cuales he tenido el placer de trabajar a lo largo de mi vida profesional!

 

A veces me pongo a pensar en ellos y me doy cuenta de que si no hubiera sido por cada una de las personas que formaban esos grupos, difícilmente podría haber aprendido todo lo que hoy me ayuda a controlar cada una de mis actuaciones. Hasta de lo menos bueno, hoy me rio. Y pensando, sigo caminando; y caminando supero todas y cada una de las barreras que se ponen por delante de mi trayectoria.

 

Cada uno de nosotros tiene un curriculum vitae, y el mío está formado, en buena parte, gracias a esos equipos humanos que han convivido conmigo muchos años, muchos días, y no menos horas.

 

En ‘mi equipo’ ha habido un poquito de todo. Después de una larga etapa de aprendizaje en proceso de formación, a principios de los años noventa empecé a experimentar lo que era dirigir. Como jefe de ventas de una empresa promotora inmobiliaria local me tocó compartir equipo con una mujer que en esa tarea me llevaba ventaja en cuanto a número de años de experiencia y relaciones profesionales. Todo el mundo en Granollers conocía a esa vendedora; yo era el nuevo, el recién nombrado director de ese departamento y el responsable de hacerlo crecer.

 

Dirigir a una persona que nunca había sido dirigida no era una labora fácil, pero lo conseguí. No me hizo falta mucho tiempo. Además de esa persona, relegaron al que había sido su jefe de ventas hasta entonces, y al que también tuve que darle mis pertinentes órdenes y transmitirle mi forma de trabajar y de llevar el departamento. Pasamos a ser cuatro personas bien avenidas durante cerca de dos años.

 

Al siguiente equipo me lo encontré en una empresa, también local, pero mucho más importante. Una empresa reconocida y consolidada en su sector: el residencial. A mí ahora me tocaba asumir responsabilidades de los departamentos de retail, oficinas y también industrial. Tuve que presentar a dirección tanto las bajas como las altas que estimé oportunas después de un periodo pequeño para conocer ese equipo. Por fin formé de nuevo ‘mi equipo’, con personas de ambos sexos, de diferentes edades y con claras diferentes maneras de pensar.

 

Todo era diferente en 1995. Se trabajaba con mucho papel, con las primera ‘computadoras’. Sin Internet sólo yo podía disponer de teléfono móvil. Su elevado coste, y la desconfianza que podía generar que lo tuviera un miembro del equipo, me concedían el privilegio de ser la única persona de la empresa que disponía de ese dispositivo. No lo negaré: manipular ese aparato, grande, pesado, con una batería también grande, y con una antena extensible, me hacía sentir más importante que lo que realmente era.

 

En los últimos años de los noventa tuve que dirigir a un equipo de siete personas de una multinacional francesa, esta vez dedicada únicamente al sector industrial. Me lo pasaba ‘pipa’, como siempre hasta ese momento, asumiendo la responsabilidad de dirigir y de formar a júniors sin experiencia que hoy son titulares de empresas inmobiliarias. Lo que más me gustaba era la motivación, y provocar que a la gente de ‘mi equipo’ le gustara, además de facturar y cerrar operaciones, también trabajar y colaborar entre todos los integrantes del grupo. Y no sólo por obligación y para la empresa a la que se debían, sino también por su propio gusto, orgullo y satisfacción personal.

 

Poco a poco me iba llegando el momento; el momento de no sólo dirigir a ‘mi equipo’, sino también de dirigir a ‘mi empresa’. Se acercaba la hora. Eran ya muchos años sembrando para terceros.

 

Antes, pero, tuve que pasar de nuevo por esa importante empresa local que volvió a ficharme, esta vez para dirigir a varios equipos. Además, tenía que participar de la empresa, metido dentro de una de las sociedades del hólding que tenía montado. Este fue mi récord en cuanto a número de personas bajo mi responsabilidad. Éramos, en total, 23 personas, un ‘gran equipo’, hasta diría que ‘mi equipo’ preferido. Algunas personas ya venían conmigo de anteriores empresas; a otras me las encontré de nuevo al volver a esta compañía. También se dieron altas y bajas, como siempre, con lo agradable y lo desagradable que es una cosa y otra.

 

Era un equipo que crecía y crecía. Consecuentemente, generábamos beneficios para la empresa, y tanto esta como los miembros de ‘mi equipo’ nos sentíamos confortables y felices. Desde 1998 hasta 2002 no hicimos más que trabajar a gusto.

 

Llegó el momento. Ahora, o nunca. Eran finales de 2002. Yo ya tenía cuarenta años, y quería saber lo que sería tener mi propia empresa. ‘Mi equipo’, una vez más, no me falló. Cuando comuniqué mi salida de la empresa donde tanto me había divertido, o mejor dicho, nos habíamos divertido, la gente de ‘mi equipo’, casi el 90%, me comunicó que quería seguir a mi lado, fuera donde fuera. Ese fue el regalo que me hicieron. Sabían que se arriesgaban y que saldrían de una empresa que hasta la fecha les pagaba cada final de mes. Pero, a pesar de ello, me siguieron.

 

Gracias a todos y cada uno de ellos pudimos empezar la andadura que hoy, dieciséis años después, sigue, vive. Y esta es la recompensa que obtuve por mi dedicación, pero sobre todo por haber trabajado desde principios de los años ochenta hasta ese año 2002 con libertad, sin presiones y con mucha responsabilidad.

 

Es evidente que los equipos no son perpetuos, pero la esencia se mantiene como un dream team que vive una generación, y que después de ganar todos los títulos habidos y por haber, ese equipo, ‘mi equipo’, se convierte en un grupo de amigos que a medida que pasan los años lo son cada vez más, y con los cuales no haces más que recordar y reírte de las vivencias profesionales compartidas durante esas diferentes etapas de nuestras vidas.

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