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Diario de información económica del sector inmobiliario

18 Sep 201919:36

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La oficina en el mar

La oficina en el mar

 

 

El pasado viernes fui a dar un paseo por los alrededores de nuestra oficina. Está ubicada frente al mar, así que disfrutamos de unas fantásticas vistas, que se agradecen cuando pasas el mes de agosto trabajando en la ciudad. La entrada de barcos en estos días es constante, aunque la mayoría de ellos sólo hacen paradas técnicas, que tienen como destino final las Islas Baleares.

 

Empecé caminando por la zona donde atracan las embarcaciones de gran calado, y estuve observando las decoraciones de popa, los uniformes de la tripulación, y todos esos detalles que desde mi mesa de trabajo apenas puedo percibir. Me senté en un muro de hormigón, observando cómo introducían mercancía a un barco de gran eslora, que podría haber pertenecido a la marina estadounidense por sus dimensiones y su característico color gris topo.

 

Entonces me fijé en los grandes ventanales del costado de estribor, tras los cuales se veía con claridad a un grupo de personas, sentadas en unas mesas de madera, concentradas frente a sus ordenadores. Me quedé observando, intentando descifrar que hacían, pero la curiosidad pudo conmigo. Aproveché que un marinero me saludaba amablemente para preguntar, con cautela, si se iban a quedar mucho tiempo en puerto, con el claro objetivo de averiguar algo más sobre la actividad del interior de aquella sala.

 

La conversación fue productiva porque finalmente descubrí que el propietario de aquel barco era un empresario suizo, del clásico sector relojero, y aquellas personas  eran parte de su equipo: asistente personal, jefe de prensa, responsable de redes, etc. A cambio de esta información, y en agradecimiento, facilité a mi interlocutor un sinfín de datos e información sobre los mejores restaurantes y garitos de la ciudad.

 

Regresé a mi oficina pensando cómo en los últimos años la tecnología ha permitido que la elección del lugar de trabajo sea infinito, y cómo hoy muchos profesionales pueden decidir dónde quieren desarrollar sus tareas: en el mar, en la montaña o en los tranquilos pueblos donde vivieron su niñez.

 

Pero conforme caminaba de vuelta pensé que quizás había otras razones para instalar la oficina en el barco. Motivaciones más allá del simple capricho, o modo de vida de un millonario, relacionadas con algo mucho más global: una estrategia de empresa.

 

Cualquier embarcación, por grande que sea, requiere de una convivencia y un uso intensivo de los espacios comunes, porque no existe la posibilidad de tomar distancia física cuando no quieres cruzarte con algún compañero. En un barco, la convivencia está asegurada. 

 

Veo constantemente cómo muchas empresas invierten tiempo y recursos en propiciar eventos lúdicos, con el fin de potenciar que las personas interactúen en parcelas ajenas al ámbito profesional. Actividades como fiestas, partidos de futbol, yincanas e incluso viajes pueden resultar herramientas efectivas para generar lazos entre los equipos. El objetivo es compartir experiencias personales que deriven en vínculos más fuertes entre los miembros y con la propia organización.

 

Crear cultura de empresa no es una tarea rápida ni fácil, y se ha convertido en el principal reto de las compañías. Así lo ponen de manifiesto diversos estudios realizados a nivel mundial, donde dos de cada tres directivos señalan la cultura empresarial como un factor igual o tan importante como la propia estrategia o el modelo operativo de la compañía.

 

La cultura empresarial recoge el ADN de la empresa, su propia personalidad, y por tanto lo que la diferencia del resto de entidades. Los integrantes deben entender y compartir estos códigos y maneras de hacer las cosas, que se determinan finalmente en valores, actitudes y conductas.  

 

En cualquier travesía, la tripulación comparte un misma misión, arribar a puerto sanos y salvos, a pesar de mareas y tempestades. Para conseguir el objetivo deben estar perfectamente coordinados, la comunicación debe ser rápida, y los intereses correctamente alineados con el fin común.

 

Este contexto y esa filosofía de trabajo, propia de la navegación, es un buen ejemplo para cualquier organización empresarial. Concentrar a parte de un equipo en un barco podría ser un escenario inmejorable para conseguir estos objetivos: la comunicación efectiva, el trabajo en equipo y los valores de la empresa.

 

Así que recordé un refrán muy marinero que en mi tierra se dice cuando la faena está bien hecha: beber los vientos. Porque quizás la decisión de llevar a su equipo a navegar no respondía únicamente a un interés personal, como a primera vista podría parecer, sino a un enfoque empresarial muy inteligente y práctico.

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