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Diario de información económica del sector inmobiliario

22 Oct 201821:16

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Cosas que aprendes cuando recibes un premio

 

Tal como 2017 fue un año funesto para mí, 2018 está resultando ser un año extraordinario, en el que me están sucediendo un montón de cosas bonitas e inesperadas. Entre ellas, la concesión de dos premios, uno por mi lucha por la igualdad de género y otro por mi trayectoria profesional en el sector inmobiliario, concedidos respectivamente por Grupo Zeta y Asprima (la Asociación de promotores de Madrid). Dos sorpresas maravillosas que me han causado una alegría inmensa.

 

Trabajas en la tranquilidad de tu penumbra y de repente, un reconocimiento de este tipo te pone bajo un foco endiablado, pues proyecta una luz que te dota de un brillo magnético y a la vez, pone de manifiesto hasta el más pequeño de tus defectos. Esta exposición impúdica te provoca un montón de emociones, que basculan entre la modestia más genuina a la vanidad más desacomplejada. Todo el mundo se siente con derecho a opinar sobre ti, por lo que te sientes frágil y vulnerable, pero a la vez, fuerte y poderoso, porque el premio supone un espaldarazo a tu labor. En cualquier caso, constituye una magnífica oportunidad para conocerte mejor. No la desaproveches.

 

Aprender a ganar con elegancia y educación es mucho más difícil de aprender a perder. La clave reside en pivotar el foco que está sobre ti y desplazarlo hacia tu entorno. Sal de tu posición de protagonista, lo verdaderamente importante es agradecer el premio a quien te lo ha concedido, así como analizar y comprender por qué te lo han dado, pues el universo de motivos potenciales es inmenso y no necesariamente tiene que ver contigo, sino con lo que simbolizas.

 

Además de ser una oportunidad excelente para el autoconocimiento, un premio también te permitirá aprender de la psicología de los demás, viendo cómo reaccionan ante tu logro.

Del mismo modo que recibirás cariño inesperado de personas que no son de tu círculo próximo, también habrá personas muy cercanas a ti que se tomarán la noticia con gran indiferencia. Las personas que realmente están en tu mundo de afectos sentirán que el premio también es para ellos, y a su modo, lo disfrutarán y celebrarán como propio.

 

Un premio descoloca al premiado y también descoloca un poco a su entorno. En mi opinión, casi ninguno de los feedbacks que recibes tiene gran cosa que ver contigo, si no que cuenta cosas del que lo emite, pues alegrarse por algo bonito que le sucede a otro es un signo inequívoco de empatía, pero sobre todo, de inteligencia. Y a la inversa.

 

En cualquier caso, el reconocimiento público debe importarte más bien poco. Lo verdaderamente importante es el reconocimiento que te das a ti mismo, pues es el único que te hace fuerte y te otorga poder, al depender exclusivamente de ti.

 

Si recibes un premio, tómatelo como lo que es: un regalo absolutamente maravilloso. Recíbelo con humildad, respeto y honor, y por encima de todo compártelo, disfrútalo y celébralo por todo lo alto.

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