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Diario de información económica del sector inmobiliario

15 Dic 201707:16

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Lujo

Lujo

Lujo. Esa palabra que no deja indiferente a nadie. A algunos les evoca placer y deleite y a otros, un rechazo irrefrenable, por considerarlo algo reprobable.

El lujo toma mil formas, cambiando de rostro según el momento histórico y el estado de ánimo de la sociedad. 

 

Por supuesto, el lujo también existe en el sector inmobiliario, vinculado a un tipo de demanda muy concreto: de alto poder adquisitivo, sumamente exigente y con un nivel de sofisticación muy elevado. 

 

El lujo lo encontramos en todos los segmentos inmobiliarios: viviendas, hoteles, oficinas, locales comerciales e incluso en naves logísticas. En este post me centraré en el segmento residencial, y más concretamente en las branded residences, las viviendas con servicios de hotel de gama alta.

 

Estas viviendas cuentan con un interiorismo exquisito, unas dimensiones más que desahogadas y unos equipamientos de altísima calidad. 

 

Se cuida con delicadeza la iluminación de todas las estancias y se controla al detalle su temperatura, para que la sensación de confort sea máxima. Incluso se detonan aromas que predisponen tu cerebro a entrar en un estado de relajación y bienestar.

 

Pero lo realmente exclusivo lo constituyen los servicios de los que disponen: chef, chófer y un conserje que se encarga de organizar tus salidas por la ciudad (reservas en restaurantes, compra de entradas de espectáculos, etc).

 

Habitualmente estas viviendas están anexas al hotel de lujo que presta estos servicios. En estos casos se habilita una entrada privada a las estancias del complejo hotelero para que puedas usar a discreción todos los servicios que ofrece el hotel: spa, piscina, restaurantes, gimnasio, servicio de peluquería, masajes, entrenador personal, etc.

 

Es mucho mejor que vivir en un Four Seasons, un W o un Hyatt, porque vives en tu propia casa disponiendo de todos los lujos de este tipo de establecimientos. 

 

Tanto “confort” puede resultar un tanto abrumador... y entiendo que haya a quien le parezca incluso obsceno.

 

Pero nos guste o no, este tipo de viviendas están proliferando en todas las ciudades consideradas atractivas para el talento y la inversión. Son conceptos que buscan ciudades globales, capaces de seducir a los perfiles de mayor poder adquisitivo y con mayor nivel de información.

 

Barcelona y Madrid deben aspirar a atraer a los inversores y operadores internacionales que desarrollan esta clase de producto inmobiliario para ser capaces de captar a una demanda que deja un impacto económico extraordinariamente positivo en la ciudad en la que se instala. 

 

Estábamos acostumbrados a conceptos muy básicos: “piso, hotel, pensión”. Actualmente la industria no para de sofisticarse y de generar conceptos nuevos, con el objetivo de dar respuesta a los diferentes tipos de demanda. Sólo triunfan los conceptos que realmente resuelven necesidades o despiertan nuestro deseo.

 

Socialmente, las iniciativas disruptivas a veces encuentran resistencias. Le pasa a Airbnb y le pasa al segmento de las Branded Residences. La sociedad y los legisladores (urbanísticos, fiscales, legales) necesitan tiempo para asimilar estas nuevas formas que crea el mercado. Darles entrada y regularlas adecuadamente es fundamental para que la sociedad pueda extraer el máximo beneficio de estas nuevas formas de uso inmobiliario.

 

Y volviendo al “lujo”… Por fortuna, la sociedad actual ya no asocia este concepto a cosas materiales, sino más bien a un “estado de espíritu”.

 

No se me ocurre lujo mayor que el primer baño de mar después del invierno, pasear por Barcelona escuchando música, disfrutar de un Modigliani, contemplar la luna llena, practicar yoga o escuchar la risa de mi hijo.

 

Lujos sin coste, sin embargo impagables.

 

Por fortuna, tan alejados de lo que puede ofrecer nuestro sector ni ninguna otra industria.

Son los que realmente activan en nuestro cerebro el verdadero bienestar y la auténtica felicidad.

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