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Diario de información económica del sector inmobiliario

27 Jul 201718:51

Blog

Punto de Encuentro

Punto de Encuentro

Son las 10 de la mañana, salgo de la oficina apresuradamente y cojo un taxi hacia Plaza España.

 

Hoy se inaugura el salón inmobiliario Barcelona Meeting Point y tengo el día a petar de reuniones.

 

Siento un poco de ansiedad al chequear la agenda, veo varias reuniones solapadas.

Me espera un día de infarto, que acabará de madrugada, tras cóctel, cena, copa y puros. Por la noche, parece que estemos de fiesta, pero no, seguimos trabajando.

 

Estoy a punto de llamar a una de mis primas que parece mi hermana gemela, para pedirle que me suplante en algunas reuniones.  Me contengo. Pobre María, tampoco es plan...

Además, en una ocasión me soltó una perorata llena de prejuicios sobre el sector inmobiliario. Definitivamente, me lo quito de la cabeza... Aún la liaría parda.

 

Estamos a finales de Octubre, y hasta el último momento no ha habido forma de predecir si continuaría el calor africano de las últimas semanas o el otoño aprovecharía para estrenarse con saña.

 

Las mujeres que asistimos a la feria nos resignamos, porque sabemos que es imposible acertar con el atuendo. Con medias pasarás calor. Sin medias, frío.

Tu outfit debe ser apropiado de 10 de la mañana a 2 de la madrugada, por lo que si vas muy sobria, de noche no encajarás. Y si te vistes un poco "fiestera", no encajarás durante el día, lo cual es mucho peor.

 

Si eres hombre y estás leyendo esto, pensarás que mis comentarios son muy frívolos.

Pero si eres mujer, me comprenderás y estarás sonriendo con complicidad. Las ecuaciones que manejamos las mujeres tienen muchísimas más variables.

 

A la sensación de ansiedad se le une un ligero cabreo ante el tradicional atasco que se produce unos metros antes de llegar a la feria.

 

Abro la ventanilla del taxi para tomar aire... mis pensamientos vuelan y se cuelan en el taxi que me llevó al Salón hace un año, hace dos, hace tres... Ya son quince años haciendo el mismo recorrido, hacia el mismo sitio, para verme (casi) con la misma gente.

 

Empiezo a sentirme parte de una película, en la que, los que acudimos a la feria somos actores con roles predefinidos. En realidad, algo de eso hay... En el Salón, todos representamos un papel.

 

Me cuelgo la acreditación al cuello, no sin un poco de bochorno. ¿No hay ninguna manera de controlar a los asistentes sin que parezcamos borreguitos?

 

Respiro: al menos este año, a ninguno de mis competidores se le ha ocurrido patrocinar la cinta de la acreditación. Me hundía en la miseria lucir en mi cuello y en mi pecho los logos de la competencia... Su crueldad no conoce límites.

 

Por fin logro entrar en el pabellón. Sólo poner un pie, vislumbro varias caras conocidas.

Quisiera poder saludarlos a todos a la vez, sin tener que seguir una prelación.

 

Es una situación que siempre me ha parecido increíblemente difícil de gestionar, pues permanentemente corres riesgo de parecer una maleducada.

 

A algunas de las personas que veo, quisiera poder destinarles toda la mañana, porque las aprecio y les tengo un gran respeto profesional.

 

Empiezo a animarme un poco, es como estar en la boda de tu hermano: conoces a casi todos y tienes ganas de conocer a los que no conoces.

 

Al poco de estar por allí, se me acerca una persona de nuestro equipo, detecto cierta preocupación en su rostro. Muy educadamente me informa de que hay una chica clavada a mí, que está gritando y blandiendo una pancarta en la entrada del Salón.

 

El corazón se me acelera, corro hacia la puerta. Empiezo a olerme la tostada...

 

- María, ¿qué haces aquí? ¿Y por qué llevas una camiseta de la PAH?

- Anna, qué ilusión... Tía, ¿pero de qué vas vestida? Parece que sales de un escaparate de Santa Eulalia.

 

Nos reímos, nos volvemos a abrazar y nos hacemos un selfie, que nos apresuramos a colgar en Twitter.

Pronto toca despedirnos, las dos tenemos “curro”.

 

- Mucha suerte con tus business… vended la Torre Mapfre o el Hotel Vela! Te quiero. 

- Mucha suerte con tus reivindicaciones… pero no os paséis, que aquí la mayoría somos buena gente. Yo también te quiero.

 

Nos despedimos diciéndonos adiós con la mano y guiñándonos el ojo derecho, marca de las mujeres de la familia Surrell. 

 

María, mi prima gemela de la PAH, me ha cambiado el humor y la energía.

Ya estoy preparada para aprovechar al máximo el Barcelona Meeting Point.

 

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