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Diario de información económica del sector inmobiliario

21 Nov 201910:17

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El inmobiliario no va de cracks sino de personas tratando con personas

El inmobiliario no va de cracks sino de personas tratando con personas

Somos el resultado de nuestras decisiones pero también, y mucho, de las casualidades. De hecho, un viaje de estudios cancelado debido a un accidente de tráfico me llevó, por circunstancias y sin tenerlo previsto, a dedicarme al sector inmobiliario, en el que llevo ya más de 25 años.

 

A lo largo de estos años he tenido la gran suerte de poder conocer infinidad de personas, pasando por casi todos los sectores del inmobiliario (residencial, terciario, inversión). Gracias a ello y a los caprichos del destino he ido acumulando una visión global del mercado y por suerte no únicamente sectorial como pueden tener otras personas, y de lo cual me siento totalmente agradecido.  

 

El inmobiliario, aunque algunos lo entiendan así, no va de cracks sino de personas tratando con personas, como la mayoría de sectores. Considero además que para dedicarse a este sector y no morir en el intento se debe tener entre las capacidades personales un 80% de actitud y un 20% de pasión por lo que uno hace, ya que el conocimiento y la experiencia se adquieren con lo anterior. Si tienes la suerte de liderar un equipo de profesionales con esta potente base, no hay otra opción que retenerlo y potenciarlo. A mis equipos les he querido aportar frescura, tenacidad y una visión del negocio algo diferente de como suele hacerlo el resto y la verdad que, con el tiempo, los resultados han dado unos frutos magníficos hasta el momento.     

 

En cualquier función y etapa profesional vivida hasta hoy, lo que más motivador es y ha sido la relación con las personas: desde clientes a compañeros y profesionales de otras empresas. El trato con el cliente, especialmente en lo que es la captación, considero que genera un aliciente extraordinario por el reto en sí que supone “ser el elegido” para asesorarle, y más todavía si pensamos que con el tiempo pueden convertirse incluso en grandes amistades. La clave es sencilla: escuchar, empatizar y entender bien sus necesidades para poder ofrecerles las soluciones más adecuadas.     

 

Si bien lograr un nuevo cliente es todo un éxito, el reto más complejo es mantenerlo por mucho tiempo y conseguir solucionar sus problemas globales de manera integral.  En ese sentido, cualquier eslabón de la empresa debe seguir ofreciendo el mismo trato como uno mismo lo haría y con la misma ilusión que el primer día. Conservar lo que se tiene, como todo en la vida, es esencial pero nada fácil.  

 

Las crisis no dejan de ser grandes oportunidades y obligan a las empresas a reinventarse y a dar lo mejor de sí mismas. En tiempos de crisis es cuando más se demuestra la valía de las personas y las compañías. Gran verdad es que se aprende de los errores en los momentos más próximos a las caídas o en los momentos de crisis profundas como entonces. Precisamente esos años han dado lugar a la irrupción de nuevos formatos de agencias, con un estilo disruptivo en un sector en el que claramente le convenía una agitación.

 

Desde la clara defensa de un modelo basado en la vocación de servicio y el asesoramiento como valor añadido diferencial, pienso que la variedad de fórmulas de servicios inmobiliarios ofrece la total libertad al cliente de elegir su prioridad: bien un servicio low cost impersonal basado en algoritmos o bien la intermediación de toda la vida con atención personalizada. Como todo en la vida, es cuestión de prioridades, y está claro que unos y otros no podemos ofrecer lo mismo. Aunque está por ver qué modelo es capaz de afianzar mejor el liderazgo de este escenario, pienso que, en cualquier caso hay lugar para todos y eso está bien.   

 

Estos nuevos modelos han dado forma a lo que conocemos como proptech, dando aire nuevo al sector con gente joven, con nuevas ideas y energías y con fórmulas de relacionarse con los clientes con un estilo más fresco, desenfadado y cercano. Los cambios son positivos, nos obligan a adaptarnos y a crear una mejor versión de nosotros mismos personal y profesionalmente. Y al final lo que importa para lograr nuestros objetivos es trabajar y cuidar los vínculos interpersonales.

 

En resumen y como pauta vital personal y profesional, rodeémonos de personas con actitud, que se crezcan ante las adversidades y que sepan escuchar a quien tienen delante.   

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