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Diario de información económica del sector inmobiliario

23 Abr 201918:23

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Se busca culpable…

Se busca culpable…

 

 

Cuando se presenta un problema, el instinto humano nos hace buscar inmediatamente la causa fuera de nuestro ámbito de influencia o pertenencia. En otras palabras: buscamos un culpable externo. El fenómeno que está pasando con el precio de los alquileres en Barcelona no es fruto de ningún misterio ni complot.

 

Las entidades vecinales y algunos gobernantes han elegido directamente a dos culpables: el turismo y los fondos de inversión. Los primeros son claramente cabeza de turco y, aunque las viviendas que ocupan son una ínfima parte del parque existente, pagan mucho por noche y son fáciles de señalar, por ruidosos. Los fondos de inversión se han ganado mala fama por comprar bloques enteros y no renovar contratos a los inquilinos existentes. No hacen nada que no estén haciendo la mayoría de pequeños inversores, pero quizá de una manera más escandalosa.

 

Los falsos culpables 

 

El turismo siempre ha formado parte de la fauna de la ciudad, y tradicionalmente los hoteles habían podido absorber esta demanda. Posteriormente se creó otra modalidad de alojamiento low cost tipo albergue o hostel, pero lamentablemente alguien muy sabio decidió que debía limitar la concesión de este tipo de licencias, pensando que eso evitaría la llegada de más turistas. La medida no pudo con los elementos, los turistas siguieron llegando y la propia sociedad que sí es sabia encontró la manera de alojarlos.

 

El paso siguiente fue dejar de conceder licencias de apartamentos turísticos en las zonas más solicitadas. El mal ya estaba hecho. En ese momento se les acusaba sólo de molestar a los vecinos, pero ahora se ha aprovechado para culparles también del incremento de los precios de alquiler. Hace cuatro años no se les acusaba de esto último, en ese momento los precios aún bajaban.

 

Los fondos de inversión y grandes compradores contribuyen a la ampliación del parque de viviendas de alquiler, en caso contrario estas viviendas acabarían cayendo en manos de compradores finalistas y por tanto sacándolas definitivamente del mercado, agravando aún más la situación.

 

En este sentido, el gobierno municipal ha usado a las asociaciones vecinales como primera línea de lucha contra los que llaman “especuladores”, acusándoles de comprar fincas enteras para rehabilitarlas y ponerlas de nuevo en alquiler (sí, he dicho “acusándoles”). En cuanto a los precios, no los fijan los propietarios sino el mercado y, aunque parece algo evidente, algunos sectores se niegan a aceptarlo.

 

 

Los verdaderos culpables 

 

No hay duda de que la única razón del incremento de precios es la falta de oferta vs la demanda existente. Una vez liquidado el sobrante de stock de vivienda procedente de la crisis que empezó en 2007 nos encontramos ahora con una demanda interior reforzada por el aumento de ocupación laboral de una generación que durante casi diez años creía imposible la emancipación.

 

A la vez, la ciudad se ha convertido en un referente mundial para cursar estudios de grado superior, así como para acoger sedes de multinacionales y ferias internacionales. En definitiva, somo unas de las ciudades más atractivas a nivel global para vivir y trabajar.

 

Pues sí, éstos son los verdaderos culpables, todos aquellos que buscan vivienda, sean locales, nacionales o extranjeros, la presión viene por todos los frentes posibles. Los gobernantes indican como víctimas a los “vecinos”, pero han olvidado definir el término “vecino”, ya que no se entiende muy bien si se refieren a un origen familiar, geográfico, clase social o pertenecer a un colectivo concreto.

 

La paradoja es que, en definitiva, todos somos vecinos,  y por tanto, culpables de la situación.

 

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