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21 Octubre 2020F17.48h

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Mercado

Por C.De Angelis
18 Mar 2020
F04.54h
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Juan Tugores (UB): “Si cuidamos las instalaciones, cuando vuelva la luz no habrá posguerra”

El catedrático en Economía de la Universidad de Barcelona aboga por que la actividad de las empresas se mantenga al ralentí “hasta que pase este periodo transitorio y puedan reactivarse”.

Juan Tugores (UB): “Si cuidamos las instalaciones, cuando vuelva la luz no habrá posguerra”

Juan Tugores es catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona y profesor del departamento de teoría económica de esta universidad desde 1977. Especialista en economía internacional y autor de varios ensayos sobre la globalización, es una de las mayores autoridades del país en el estudio de las crisis económicas. A su juicio, actualmente se plantea el dilema de que “cuánto más drásticamente abordemos el problema sanitario, cuánto más prioricemos esto, más duro será inicialmente el choque económico”. “La respuesta sanitariamente correcta agrava el choque económico, pero la sociedad es consciente de que es prioritario”, agrega.

 

Pregunta: Descríbame la situación que estamos viviendo.

Respuesta: La realidad supera la ficción. Repasando el informe de riesgos globales del Foro Económico Mundial de enero, las enfermedades infecciosas figuraban en novena posición entre los riesgos de la economía mundial. Es decir, figuraban, pero en un lugar marginal. Es cierto que había habido precedentes, pero la magnitud de este shock ha sido inesperada y sorprendente. Otra consideración es que la globalización que ha facilitado la transmisión de todo a través de las fronteras también ha facilitado el desarrollo de estos virus que amenazan con llevarnos a la desglobalización. De repente ha surgido un elemento que nos obliga a desglobalizar y a cerrarnos sobre nosotros mismos, tanto los países como las propias personas. Es un fenómeno nuevo que va a dejar un paisaje que sólo en un tiempo vamos a poder ver.

 

P.: ¿Se atreve a trazar un horizonte temporal de cuánto durará esta crisis?

R.: Es complicado porque va a depender de lo que hagamos como sociedad. Parece claro que existe una tensión entre un problema sanitario y uno económico. El dilema es que cuánto más drásticamente abordemos el problema sanitario, cuánto más prioricemos esto, más duro será inicialmente el choque económico. Lo estamos viendo con los expedientes de regulación temporal de empleo (Ertes) y con actividades cuyos ingresos se reducen a cero. La respuesta sanitariamente correcta agrava el choque económico, pero la sociedad es consciente de que es prioritario. El asunto es que cuando consigamos controlar el problema sanitario habrá que reemprender la actividad.

 

P.: ¿Cuánto tardará en reactivarse la economía?
R.:
 En China dicen que ya se está reactivando. Empezaron a finales de noviembre y después de dos o tres semanas de vacilación optaron por la vía drástica y al cabo de dos o tres meses algunos indicadores de China empiezan a repuntar. Ojalá en Europa podamos hablar de lo mismo: dos o tres meses. Para ello hace falta que los activos que tenemos (personas, empresas) reciban el apoyo público para quedar al ralentí hasta que pase este periodo transitorio y puedan reactivarse.

 

 




P.: ¿Tiene comparación en la historia?

R.: Desde el punto de vista sanitario se puede comparar con la gripe española al final de la Primera Guerra Mundial. Y respecto a la caída de la demanda, con la crisis de 2008. El ajuste económico será de un orden de magnitud similar a la de 2008, con un ajuste del Producto Interior Bruto (PIB) global del 4% o el 5%. Lo complicado es que es una combinación de los dos efectos, sanitario y económico, y su impacto es exponencial. El punto positivo es que, aunque las estadísticas macro nos digan que el PIB ha caído a ritmos del 2%, 3%, 4% ó 5%, lo importante es que los activos capaces de generar riqueza están allí. Hemos de ser capaces de que las empresas no quiebren y tengan que cerrar definitivamente, que no haya un aumento del desempleo de tres o cuatro millones de personas. Es un reto para las autoridades de primer orden.

 

P.: El presidente de Francia, Emmanuel Macron, hablaba el lunes de una situación de guerra.

R.: El reto para las autoridades es de primer orden, con reacciones que deben ser como la que el lunes anunciaba Macron en Francia o la idea del Helicopter Money con una emisión que pueda llegar al 10% del PIB, que hasta ahora la ortodoxia negaba. Algunos de los economistas más ortodoxos lo están diciendo: si hay un caso teórico en que esto tenga sentido, es este.

 

P.: Después de la guerra, ¿entraremos en una posguerra?

R.: La comparación que estoy haciendo yo es la de una ciudad más o menos importante en la que hay un fallo sistémico de la electricidad y se apaga la luz: la ciudad se queda a oscuras durante un periodo de tiempo mientras los expertos intentan reparar el sistema. Si estás un mes o dos meses con la luz apagada, corres el riesgo de que las cosas en la nevera se pudran, de que las cosas que no funcionan porque no hay luz se vayan estropeando... y cuando vuelva la luz (cuando se acabe la guerra), ¿qué nos encontraremos? Esto dependerá de qué hagamos entre tanto. Si mientras estamos a oscuras hemos cuidado las instalaciones, cuando vuelva la luz podremos reemprender con rapidez y no habrá posguerra. Si dejamos que se pudran las instalaciones y que los activos humanos se vayan degradando, incluso psicológicamente, en ese caso cuando vuelva la luz tendremos una larga posguerra.

 

P.: ¿Esta crisis puede hacer que China refuerce su posición en la geopolítica internacional?
R.:
 Sorprendentemente, sí. En primer lugar por la velocidad con la que ha reaccionado China en comparación con la lentitud de otras potencias, como Estados Unidos o Reino Unido. Sorprendentemente, un problema que nació en China puede acabar reforzando a China. La imagen de China llevando ayuda sanitaria a Europa mientras Estados Unidos está cerrando las fronteras a vuelos europeos es muy importante. Algún periódico decía este fin de semana que China está haciendo su Plan Marshal de ayuda a recuperar a Europa.

 

 

 

P.: ¿Qué recomendación les haría ahora a las empresas?

R.: Es fácil de decir y difícil de hacer. Les recomendaría sangre fría y corazón caliente: esto tarde o temprano pasará. Las empresas tienen dos preocupaciones: una, en la que pueden ayudar los gobiernos, es mantener la actividad al ralentí, mantener los activos en la nevera o el congelador, y la otra es pensar en cuando vuelva la luz. Cuando esto se supere, hay que estar preparados para que la actividad se pueda reanudar de forma prácticamente inmediata habiendo aprendido mucho de la experiencia. Por otro lado, también tenemos que pensar en que vivir en el corto plazo y en el día a día nos deja muy frágiles en momentos de shock. Una lección es que las sorpresas nos pueden llegar de los lugares más inesperados: necesitamos más colchones de seguridad y más prudencia. Pero a corto plazo lo que hay que hacer es no tirar la toalla.


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