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Diario de información económica del sector inmobiliario

07 Diciembre 2022F21.16h

C

Mercado

Por Albert Martínez
30 Sep 2022
F04.54h

La mayor economía de Latinoamérica acude a las urnas con los retos de la inflación y la desigualdad

El electorado brasileño acude a unas elecciones marcadas por la inflación, la deuda y las amenazas de fraude electoral que resuenan después de que el actual presidente asegurara que “no aceptará un resultado que no sea una victoria”.

La mayor economía de Latinoamérica acude a las urnas con los retos de la inflación y la desigualdad

 

 

Brasil acude a las urnas el próximo domingo para celebrar la primera vuelta de sus elecciones generales. La mayor economía de Latinoamérica elige entre el socialismo de Lula da Silva y la ultraderecha de Jair Bolsonaro, que ha gobernado los últimos cuatro años entre polémicas por el cambio climático, el menosprecio al Covid-19, las políticas de género o la deforestación de la selva amazónica.

 

Brasil decidirá su futuro con la inflación a niveles récord, hasta el 8,8% en agosto, mientras lidia con una sociedad fragmentada y el posible temor a que Bolsonaro no acepte los resultados electorales si pierde e intente paralizar al nuevo gobierno con la ayuda del ejército.


El pasado 19 de septiembre, Bolsonaro agitó los temores del fraude electoral, asegurando que, si no consigue al menos el 60% de los votos es “porque algo anormal ocurre en el Tribunal Superior Electoral”, mientras afirma que “no aceptará ningún resultado que no sea una victoria”. Si alguno de los candidatos consigue más de la mitad de los votos, no sería necesario acudir a una segunda vuelta electoral.

 

Según las últimas encuestas, la victoria del domingo se la va a llevar el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva, que congregará un 47% de los votos. En este caso, la izquierda seguiría el camino que ya han emprendido Colombia, Argentina, México o Chile en los últimos años y se haría con la plaza, hasta ahora dominada por el trumpismo de Bolsonaro. 

 

El Partido Liberal (PL) de Jair Bolsonaro se quedaría con el 31% del electorado y, más atrás, aguardarían el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), con el 5% de los votos, y el Partido Democrático Laborista (PDL), que reúne al 7% del electorado.

 


Lula ya gobernó Brasil entre 2003 y 2010 y se calcula que, durante sus años de mandato, treinta millones de personas se elevaron por encima del umbral de la pobreza y se sumaron a la economía de mercado.

 

El político apenas hizo reformas económicas en una época en época de prosperidad, pero impulsó medidas sociales como los paquetes Bolsa Familia o Hambre Cero. En 2017, el ya expresidente fue condenado a nueve años y seis meses de prisión por corrupción pasiva, pero en 2021 se anuló la sentencia, debido a que el juez que había ordenado su ingreso en prisión carecía de competencias para ejecutar la decisión.


Con Lula en la cárcel, Bolsonaro se alzó como nuevo presidente del país en octubre de 2018, con un programa que prometía regenerar la vida pública, reactivar la economía, combatir a la izquierda y la “ideología de género” y defender el derecho a las armas. Durante sus casi cuatro años al frente de Brasil, Bolsonaro ha copado las miradas por su menosprecio al Covid-19, que causó 680.000 muertos en el país y terminó desatando una recesión económica de la que parece, el país ha comenzado a resarcirse, con un crecimiento del PIB del 1,2% en el segundo trimestre de 2022.

 

En su última proyección, el Fondo Monetario Internacional (FMI) apuntó que la economía brasileña se expandiría un 1,7% en 2022, frente al 4,6% que registró en 2021. Para 2023, los cálculos de la entidad surgieren de que la mayor economía de Latinoamérica aminorará su marcha aún más, con un crecimiento del 1,1%.

 

Esta vez, el partido encargado de liderar el gobierno brasileño se enfrentará a una inflación que ascendió un 8,8% en agosto. Desde marzo de 2021, el Banco do Brasil (BCB) ha aumentado doce veces los tipos de interés, hasta el 13,75%, y no prevé volver a bajarlos hasta el segundo trimestre de 2023. Asimismo, el país cuenta con un desempleo del 10,5% de la población activa, es decir, casi once millones de personas en el paro. El PIB per cápita en Brasil es de 6.359 euros y el país se encuentra en el puesto 84 en el Índice de Desarrollo Humano (IDH). 

 


Dos de los mayores lastres de la economía brasileña son la deuda pública, que alcanza el 98% de su PIB, y la desigualdad. Actualmente, el 1% más rico de los brasileños acumula la mitad de la riqueza nacional y 33 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza.


La mayor parte de la economía carioca depende de los ingresos derivados de las materias primas, ya que el país es líder en la exportación de algunos alimentos, como la soja o las naranjas. Es por ello por lo que el aumento de la demanda mundial de productos agrícolas y petróleo ha dado un respiro en 2022 a la economía brasileña.

 

Las recetas de Lula y Bolsonaro para volver a ser elegidos

Para combatir la inflación, el desempleo y la pobreza, Lula apuesta por impulsar el consumo, derogar la ley de techo de gasto y proponer una reforma que traiga progresividad fiscal aumentando el impuesto a la renta de los más ricos. Asimismo, Lula busca promocionar sectores como la agroindustria y las nuevas tecnologías. Para luchar contra la crisis energética, aboga por volver a nacionalizar la eléctrica Eletrobras.


Además, el expresidente ha prometido que, si llega a la presidencia, promoverá un gran plan de obras públicas para generar empleo y acabará con la minería ilegal en la Amazonia, ya que el gobierno del Partido Liberal ha planteado autorizar la explotación de las tierras indígenas.


Por su parte, Jair Bolsonaro tiene previsto continuar con su programa de privatización de empresas estatales (como el hólding eléctrico Eletrobras, el servicio Correios y las petroleras Petrobras y Pré-Sal Petróleo), mientras impulsa políticas de creación de empleo. Asimismo, el candidato promete eximir del impuesto a la renta a quienes ganen hasta cinco salarios mínimos, mejorar la infraestructura en las regiones menos desarrolladas y establecer una flexibilización aún mayor del acceso a las armas.


Además, pese a sus divergencias políticas, tanto Bolsonaro como Lula han prometido poner en marcha un aumento del 50% en el gasto en bienestar, hasta 70.000 millones de reales (13.611 millones de euros) al año, con el objetivo de reducir la desigualdad en la que está sumida gran parte de la población carioca.

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