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Diario de información económica del sector inmobiliario

19 Mayo 2022F17.08h

C

Opinión

07 MAY 2018
F04.00h

Fauna inmobiliaria

 

Me encuentro con una amiga de la infancia que, tras interesarse por mi familia, me pregunta cómo me va con la “fauna inmobiliaria” (sic).

Lejos de escabullirme, sonrío, entrecierro los ojos y empiezo a evocar los rostros más destacados de nuestro sector para poder clasificarlos con libertad.

 

Le cuento que en nuestra fauna particular hay águilas, que tienen la asombrosa capacidad de anticipar las tendencias del mercado; hay elefantes, que atesoran sabiduría y memoria histórica; hay delfines, que actúan con rapidez e inteligencia para no perder ninguna oportunidad; y por supuesto, hay leones, que ejercen su liderazgo con gran autoridad.

En nuestro reino, incluso tenemos un grupo de magos, que han llegado al IBEX35 en tiempo récord partiendo de cero.

 

Mi amiga se queda decepcionada con mi respuesta, ella espera que le hable de pavos reales, serpientes venenosas y por supuesto, buitres (fondos buitres, se entiende)...

Sin duda, en nuestro mundo hay todo tipo de personas y personajes, pero es injusto pensar que los inmobiliarios somos una tipología especialmente caricaturizable.

Lo sé porque antes que esta vida, he vivido muchas otras y puedo asegurar que hay mundillos en los que el concepto “fauna” es tanto o más pertinente.

 

Cuando todavía era estudiante de económicas, me matriculé a varias asignaturas de la facultad de Humanidades, con la voluntad de desconectar un poco de las soporíferas ‘Microeconomía Intermedia’ y ‘Econometría III’.

Elegí varias materias que respondían a mis gustos, entre ellas, una asignatura maravillosa sobre Cézanne y el movimiento cubista. Obviamente, me enamoré del profesor que la impartía, que además de tener grandes conocimientos de arte y literatura, era el fundador de una editorial pequeña, pero tremendamente exitosa.

Viví con él tres años de mi vida que emocionalmente fueron una montaña rusa nada recomendable, pero que a nivel de lo que podríamos denominar “enseñanzas vitales”, resultaron enormemente útiles. La metodología que todavía utilizo para concentrarme y para trabajar de un modo eficiente lo aprendí en aquella época. También adopté un perfeccionismo bastante obsesivo, del que me voy liberando con gran placer a medida que cumplo años.

 

La cuestión es que mientras cursaba 2º de Económicas empecé a imaginar mi futuro trabajando en la rumbosa editorial del profesor y disfrutando intensamente del mundo cultural barcelonés. Un sueño que él compartía con gran entusiasmo, encantado de tenerme bajo su ilustre sombra.

 

A pesar de que el profesor me llenaba la agenda con sus infinitos compromisos, Feria del Libro de Frankfurt incluida, mi instinto de supervivencia me llevó a licenciarme con rapidez y a encontrar trabajo como auditora financiera la misma tarde que finalicé la carrera. Tomé la decisión de configurar mi propio camino profesional, de modo que los medios económicos de los que dispusiera, para bien o para mal, dependieran exclusivamente de mí.

 

Pero vayamos a la “fauna literaria” que descubrí en aquella época...

En el reino literario también hay águilas, elefantes, delfines y leones. Carece de magos, pero tiene mitos e incluso dioses. Este particular universo lo conforman los autores consolidados, las estrellas emergentes, las eternas promesas...

 

Muchos de ellos con un ego inconmensurable y unas ganas infinitas de escucharse a sí mismos. Tristemente, también constaté en algunos una gran fragilidad emocional y unos deseos irrefrenables de ser amados y respetados, a pesar de sus esfuerzos para que les sucediera justo lo contrario.

 

Con el tiempo, aprendí a manejarme entre sus fases de fragilidad y de ego extremos. Aquellos tres años me los deberían convalidar por un doctorado en psicología... Fue una época muy interesante, sin duda, pero agotadora hasta la extenuación.

 

Cerré la puerta del reino literario sin hacer ruido, escapándome de puntillas, y me adentré en el reino empresarial, pisando fuerte, y sintiendo un gran alivio.

 

Hoy me veo a mí misma como un delfín que muta a león cada vez que me toca defender a mis compañeros o a mis clientes.

Fauna inmobiliaria: gracias por acogerme, qué feliz estoy de formar parte de vuestra familia.

 

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