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Diario de información económica del sector inmobiliario

25 Abr 201902:26

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Arquitectura

Arquitectura

Hablar sobre la relevancia de la arquitectura en nuestras vidas es tan esencial como hablar de la importancia de nuestro bienestar físico y mental.

 

Los edificios nos hablan, nos interpelan, nos tocan profundamente porque además de proporcionarnos protección física, también nos impactan desde un punto de vista psicológico.

 

Deberíamos tomar conciencia de lo sensibles que somos a todo lo que nos rodea, para que nuestra sociedad otorgara una mayor importancia a la experiencia visual. Debemos rendirnos a la evidencia de que somos vulnerables a la fealdad de una cortina de plástico, como por fortuna, también lo somos a la belleza de una alfombra persa o de una columna corintia.

 

Cuando tenemos una actitud consciente ante la contemplación de nuestro entorno, podemos utilizar esta experiencia visual a nuestro favor. Un determinado diseño arquitectónico puede invitarnos a entrar en un estado de ánimo, que de otro modo, seríamos incapaces de alcanzar. Tomarnos en serio la arquitectura significa tomarnos en serio nuestro placer estético, y saber disfrutar de la belleza es una señal inequívoca de haber aprendido a gozar de una buena vida.

 

Desgraciadamente nuestra sociedad no le da la suficiente importancia al acto de reconocer la belleza y a aprender a disfrutarla. Esta emoción intelectualizada requiere sensibilidad, pero sobre todo, exige de un aprendizaje y de un esfuerzo consciente. 

Casi todo lo que vale la pena en esta vida requiere de un trabajo intelectual. Es cierto que puedes disfrutar de un buen vino sin tener conocimiento alguno de enología, pero si te tomas la molestia de explorar un poco sus dinámicas, puedes convertir el descorche de una botella en una experiencia memorable. 

Y lo mismo sucede con la lectura de buen libro, la contemplación de una escultura, la audición de una pieza musical y así, hasta el infinito de experiencias sensoriales, que al intelectualizarlas, pueden llegar a transformarnos. 

 

Al igual que una obra de arte, la arquitectura nos impacta de un modo intenso y personal. Pero a diferencia del placer que nos puede proporcionar la contemplación de una pintura, que es un deleite “desde el exterior”, la arquitectura nos implica profundamente, pues es el marco físico en el que nos desenvolvemos para descansar, trabajar, formarnos, relajarnos, comer, amarnos, divertirnos...

 

Lamento profundamente que los niños no reciban formación alguna de arquitectura en la escuela. Ojalá se les enseñara a tener una actitud más reflexiva hacia los objetos, los espacios, las formas, los diferentes tipos de luz, las texturas de las telas o de las maderas... Estamos hablando de algo tan importante como aprender a reconocer la belleza en nuestro entorno.

 

Si fuéramos más exigentes y supiéramos procurarnos este tipo de vivencias, es muy probable que tuviéramos una sociedad más despierta, más evolucionada, más responsable y, sin duda alguna, más libre. 

 

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