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Diario de información económica del sector inmobiliario

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Los blogs de EjePrime

26 MAR 2020
F05.00h

Confinados y confiados

confinados y confiados

Desde el pasado viernes 13 de marzo me encuentro en una situación extraña que jamás había vivido, y ya tengo una edad.

 

Confinado en mi domicilio, queriendo sentirme útil, y con una cierta tensión ante la incertidumbre de lo que va a suceder el día después.

 

El Covid-19 ha pasado a ser el enemigo público mundial número uno. Y ya no quiero entrar en quién es el culpable, quién no hace las cosas bien o cuál es la causa. Lo cierto es que estamos encerrados intentando llenar las horas del día.

 

Es verdad que algunos han podido trasladar su puesto de trabajo a su casa, y cada día, como ha de ser, se sientan delante de su dispositivo, y conectados online, siguen trabajando todo lo que pueden.

 

Los que desgraciadamente estamos limitados para lo que es nuestra actividad, nos convertimos en un híbrido, un sujeto que hace lo que puede. Yo mismo. El teléfono móvil es mi principal arma para comunicarme. Y ahora mismo, desgraciadamente, este aparato ocupa poca parte de mi vida laboral y mucho de entretenimiento y ocio. Mails, algunas llamadas y poco más.

 

El mercado industrial se debe a unas visitas presenciales, a reuniones y a negociaciones. Y a pesar de disponer de los medios y herramientas para que nuestros clientes potenciales puedan dirigirse a nosotros para demandar o para ofrecer inmuebles, la realidad es una: esos clientes están en posición de stand by, atentos a las noticias, a la prensa digital, a la televisión, a la radio, a la bols y a las redes sociales. Muchos de ellos tomando decisiones respecto a sus propias empresas (Ertes, despidos, cierres, etc.), y ya pensando en el día después.

 

Quisiera aprovechar este post para trasladar un pensamiento, y también un sentimiento.

Creo que esta experiencia nos tiene que demostrar que no todo se tiene que “fabricar en China” o en cualquier otro lugar fuera de nuestras fronteras.

 

Prueba de ello, y pongo como ejemplo, es la Alianza entre el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, HP y Leitat (TECNIO), junto al CatSalut, a través del Consorcio Sanitario de Terrassa y el Hospital Parc Taulí de Sabadell (Barcelona). Juntos han conseguido, en cuestión de muy poco tiempo, desarrollar el primer respirador impreso en 3D, para producir a miles y para apoyar a los hospitales que van faltos de material. Ayuda a las Ucis para tratar a los miles de enfermos en estado grave por el Covid-19.


Por tanto, si queremos, podemos.


Con ello intento decir que cuando este real mal sueño termine, quiero y deseo estar preparado para dar servicio a empresas que, si bien hasta ahora habían tomado la decisión de fabricar en el exterior, lo hagan desde aquí, aunque ello suponga más esfuerzo, un cambio de mentalidad, y reste beneficios dinerarios. No podemos depender tanto de posibles cierres de fronteras o aeropuertos. Tampoco podemos hacerlo de otras posibles epidemias o desgracias.

No estábamos preparados, eso es la verdad. Nos han pillado in fraganti a todos; a los municipios, a Comunidades Autónomas e, incluso, al Estado Central.

 

Es verdad también, hemos perdido la virginidad en este sentido; pero esta experiencia nos ha de servir de escarmiento. Y voy a la parte sentimental:

 

Heidegger decía que el tiempo era esencial para comprender al “SER”. Por eso, nuestro deseo de poseer casas, quesos y cosas, porque esto es lo que nos hace olvidar el “SER”.

Confinados en casa, los sujetos de producción habituados a producir, nos encontramos con el Ocio. Momentos en el que hacer se detiene, y el “SER” emana.

 

Estamos empezando a “SER” porque con el ocio SOMOS. Este encuentro con nosotros mismos es espanto o euforia, es paz o guerra. Pero lo que no podemos negar es que nos muestra lo que SOMOS.

 

Hoy, gracias al comentario de un amigo de verdad, he tomado una decisión: voy a intentar hacerme la idea que el confinamiento no durará un mes, sino dos años. El que lo haga lo verá todo diferente en seguida.

 

Estamos muy mal acostumbrados; nuestros abuelos se reirían de todo esto. Pasaban miseria, dolor, hambre, frío… ¡Nosotros no sufrimos nada de todo esto! Estamos cómodos y calentitos en casa.

 

Quizás vais a pensar que he pecado de filósofo, pero os pido una reflexión al respecto.

Aprovecho para saludar a todos mis contactos profesionales, a los que se encuentren bien, y también a los que desgraciadamente hayan sido infectados; a estos últimos, una pronta recuperación.

 

¡Cuidaros mucho!

 

DON POLÍGONO


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