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Diario de información económica del sector inmobiliario

23 Sep 201902:46

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“Si bebes, no conduzcas”

“Si bebes, no conduzcas”

 

 

Hace algo más de una década circulábamos por una autopista de cuatro carriles. Me refiero a esos años de construcción y promoción sin cuartel; esas épocas de mucho “tráfico” por todas las carreteras. Tanto tráfico que llegó el atasco, la caravana que no avanzaba y que, poco a poco, provocaba que a esos vehículos se les acabara la gasolina, gasolina extra que algunos se permitían poner en sus depósitos para comprar y comprar, con ayuda de bancos y cajas que, sin muchos miramientos, concedían préstamos sólo con el ánimo de hacer el negocio y casi nada más.

 

Llegó la crisis, y con ella se paralizó esa ilusión por aventurarse a un nuevo lugar donde ubicarse (vivienda, local, oficina, o nave industrial). Durante unos ocho años, casi nadie movía pieza. El temor por no poder afrontar esa cuota mensual y la inseguridad se incrustaron en las personas, y el mundo inmobiliario se enfrió.

 

Pasada esta etapa, de nuevo hace unos cuatro años, a partir de 2014, empezó a circular la sangre. Parecía que los ánimos florecían para otra vez promover o invertir con recursos propios y ajenos para cambiar de piso, local, o instalar a nuestra empresa en una nueva nave industrial. Con más calma esta vez, pero con la misma fuerza, se percibía estos últimos años cierta alegría en el sector. Pero ha durado lo que ha durado. No negaré que otra vez me daba la sensación de volver a hinchar otra burbuja.

 

No me atrevo a decir qué ha pasado ni cuál es la causa, aunque algunos motivos seguro que los hay. Lo cierto es que, el primer trimestre de 2019 hemos vuelto a pisar el freno.

 

¿Hasta cuándo? Tampoco quiero contestarme esta pregunta. Estoy bastante cansado de analizar constantemente el mercado inmobiliario, aunque por dentro pienso que debería seguir haciéndolo. He llegado a la conclusión que hay que vivir el día a día, seguir trabajando sí o sí sin dramatizar ni negativizar; luchar con lo que tenemos y nos encontramos.

 

Por mucho que le demos vueltas, el mercado está inestable. Razones sociales, económicas, políticas, todas ellas revueltas, han ocasionado este frenazo.

 

Personalmente, no creo que sea la mejor manera de capear la coyuntura acelerando o frenando y dejando marcas en el asfalto con las ruedas. Así no podemos ir bien. Lo único que podemos conseguir es un rápido desgaste de las ruedas de nuestro vehículo que puede ocasionar el reventón definitivo de las mismas.

 

Hay que seguir circulando con un buen vehículo y cuidarlo para que aguante y dure muchos años. Silencioso, seguro, de gasolina, diésel o eléctrico, pero conduciéndolo tranquilos y en modo confort. Si no lo hacemos así, volveremos a estar atascados en una carretera durante muchas horas, sin llegar al destino seleccionado.

 

Ni el mejor navegador nos sacará de este apuro, y para que el mundo camine, tiene que haber conductores con cabeza y con el cinturón de seguridad abrochado.

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