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Diario de información económica del sector inmobiliario

22 Jul 201906:26

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La amenaza del Proptech

La amenaza del Proptech

 

 

La primera vez que escuché la palabra proptech sonreí por dos motivos. Por la sorprendente habilidad que tiene el idioma inglés para consolidarse en cualquier país y lengua, y porque al fin se definía algo relevante para un sector tan conservador como el inmobiliario.

 

Proptech es la abreviatura de Property Technology, también conocido como Real Estate Technology o Real Tech, que define la tecnología e innovación en el sector inmobiliario. Es decir, empresas que aprovechan el potencial, y las posibilidades de lo digital, para aplicarlo al proceso inmobiliario en cualquiera de sus diferentes fases; el ámbito de la gestión, la sostenibilidad, la financiación, la inversión, e incluso el diseño o la construcción.

 

A partir de aquel día supe que nuestro portal elworking.com, puente directo entre los propietarios de edificios de oficinas, coworkings, centros de negocios y salas de reuniones, con las empresas o profesionales que buscan estos espacios de trabajo, sería calificado también como proptech. 

 

Durante estos últimos años veo cómo empresas patrimoniales, que operaban de forma tradicional, orientan hoy muchos de sus procesos hacia la tecnología. Algunas consultoras inmobiliarias han creado departamentos específicos para detectar empresas jóvenes (startups) con las que poder realizar acuerdos o convenios. Y también han surgido aceleradoras o incubadoras que acompañan o apoyan a estos emprendedores digitales.

 

¿Pero qué hay de realidad en todo ello?

 

Hay que tener muy presente que las innovaciones y la aplicación de nuevas tecnologías, más o menos disruptivas, orientadas a facilitar, mejorar o simplificar los procesos del sector inmobiliario, provocan un cambio en la forma de operar de los actores en sus diferentes disciplinas. Es un gran paso para un sector tan tradicional, que ha sido históricamente opaco y rígido.

 

Sin embargo, en algunos casos se vislumbra que desgraciadamente el fin es otro bien distinto. Esto ocurre cuando las acciones están desvinculadas y alejadas del propósito tecnológico que debería prevalecer en el proyecto, siendo la imagen o él marketing los únicos protagonistas. 

 

Una simple prueba de ello es lo que nos ocurrió hace unos meses. Nuestra empresa (startup) se presentó a un concurso proptech orientado a buscar un proyecto o equipo para desarrollar un portal terciario. Los impulsores de esta iniciativa, “Reto Portal Terciario”, eran una conocida consultora inmobiliaria y una aceleradora valenciana, que no citaré porque lo importante en este caso es la trama de la película y no sus actores.

 

El premio de cien mil euros era ciertamente atractivo y nuestro portal especialista en espacios de trabajo parecía encajar con el planteamiento. Tras las diferentes fases, nos seleccionaron para acudir de forma presencial a la sede de la aceleradora durante dos días, pero una vez allí varios detalles dejaron vislumbrar lo que finalmente ocurrió. El resultado del reto tuvo en teoría un ganador, pero sorprendentemente no se hizo público dato alguno, y tampoco se llevaron a cabo los compromisos establecidos.

 

Es obvio que durante el camino alguien se dio cuenta que no tenía claro lo que buscaba, o que nada de lo que vio le satisfacía, y decidió hacer una salida silenciosa llena de interrogantes y oscurantismo. A todos nos puede ocurrir algo parecido, aunque hubiese sido más responsable decirlo de forma abierta, quizás declarando la convocatoria desierta, o redefiniendo los pormenores de la misma.

 

Afortunadamente para nuestro equipo, justo dos semanas después fuimos seleccionados para el Barcelona Meeting Point, como única proptech española, así que ese sabor agridulce de pérdida de tiempo quedó rápidamente en el olvido. Pero esta anécdota no es algo aislado, y desafortunadamente podría ser una amenaza para el sector.

 

Durante los últimos meses leo como grandes consultoras inmobiliarias, e incluso alguna socimi, declaran su interés por la tecnología, estableciendo alianzas o acuerdos para participar y compartir innovaciones con empresas más pequeñas y ágiles, a través de fórmulas de colaboración o incluso de participación en el capital. Esto que en principio puede ser bueno para ambas partes, y también para el sector en su conjunto, puede tornarse negativo si no se hace con honestidad, respeto y responsabilidad.  

 

También observo cómo aceleradoras o incubadoras exponen de manera brillante todas sus capacidades, y herramientas, en el apoyo a las startups, pero alguna no cuentan en sus equipos con gente que conozca las necesidades de los emprendedores, y entiendan su forma de crear y colaborar, centrando más sus esfuerzos en el volumen de empresas que acogen, y no tanto en la viabilidad y capacidad de esos proyectos ó equipos.

 

Me parece que es muy importante no desvirtuar la palabra proptech, y darle el lugar que se merece, alejado de una simple imagen cuya realidad de fondo puede no existir o no estar del todo clara. El sector proptech podría quedar mermado si estas acciones no responden al claro objetivo de mejorar las herramientas del proceso inmobiliario. 

 

Así que la moraleja es clara. Los emprendedores y las startups deberán tener los ojos bien abiertos para diferenciar entre aquellas convocatorias que persigan hacer algo real, o que por el contrario escondan simplemente cuestiones de marketing. Y las aceleradoras y grandes corporaciones que lideran estos retos deberán analizar el riesgo reputacional que puede suponer que estas acciones sean ajenas al compromiso, la realidad y la transparencia. 

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