Uso de cookies Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información sobre nuestra: Política de cookies

Diario de información económica del sector inmobiliario

21 Oct 201823:55

n
; Menu
Blog

Los jefes

Los jefes

 

 

De estudiante universitaria trabajé de azafata de congresos, de profesora particular y de muchas otras cosas, así que tuve multitud de jefes. En mi época de auditora cambiaba de gerente cada quince días, por lo que seguí coleccionando experiencias con todo tipo de gestores.

 

He estado bajo las órdenes de jefes autoritarios, a veces déspotas, vanidosos, prepotentes, inseguros, también erráticos e incongruentes. Jefes que no defendían a su equipo cuando venían mal dadas, e incluso, que te adjudicaban sus errores cuando explotaban los problemas. Jefes que abusaban de su poder. 

 

Por fortuna, también he tenido jefes justos, inspiradores, creativos, carismáticos, divertidos. Jefes preocupados por el bienestar de su equipo, jefes de gran potencia intelectual y jefes que colectivizaban sus logros para que todos los pudiéramos disfrutar.

 

De todos ellos he aprendido muchísimo, también de los que eran pésimos. El aprendizaje en negativo, el que te provoca reflexiones del tipo “si algún día soy jefe, jamás actuaré así”, es un método traumático, pero enormemente efectivo. 

 

Pasaron los años y de repente un día, el jefe (la jefa) fui yo. 

 

Lejos de sentir poder, lo que experimenté fue el peso de una responsabilidad enorme. Quería hacer las cosas bien, deseaba que nuestro equipo se sintiera comprometido, que se generaran buenas dinámicas de trabajo y que hubiera un buen flujo de comunicación entre nosotros. Aspiraba a dirigir alcanzando grandes consensos, fomentando que todos los integrantes del equipo se sintieran animados a participar en las decisiones.

 

Propósitos encomiables, sin duda... Pero el entorno empresarial es difícil y tiene meandros, así que, con gran humildad, me conformo con ponerle todo mi empeño y hacerlo lo mejor que puedo, consciente de que cometo errores a diario. 

 

 

Te contaré tres secretos sobre tu jefe: 

 

Tiene un margen de maniobra limitado.

Tu jefe (incluso el jefe de tu jefe) tiene otro jefe. Ni siquiera el presidente de tu empresa tiene las manos totalmente libres a la hora de tomar decisiones. Siempre hay socios, accionistas, clientes o líderes de opinión que condicionan sus decisiones. Muchas veces los jefes implementamos las decisiones de otros. Sé comprensivo. 

 

Necesita que le digas la verdad.

Un jefe corre el peligro de quedarse aislado de lo que realmente está sucediendo en la empresa, porque es muy probable que la información le llegue muy sesgada. Dale tu visión, trasládale tu opinión, conéctale con “el sentir” del equipo. 

 

Se siente muy presionado.

Los objetivos empresariales recaen sobre él/ella como una losa, pues suya es la responsabilidad de sacarlos adelante. Hazle sentir que estás a su lado y que compartes la responsabilidad de los resultados. 

 

El mejor jefe no es el que consigue más clientes o el que tiene más conocimientos del negocio, sino el que tiene más inteligencia emocional y sabe tratar adecuadamente a las personas que le rodean.  La capacidad de empatía y de interacción social es un atributo imprescindible para que la energía del equipo humano se centre en los objetivos de la empresa, y no se desgaste en malos entendidos internos. 

 

Todos los que trabajamos en un entorno empresarial y gestionamos personas deberíamos tener conocimientos de psicología para ser capaces de generar buenas dinámicas relacionales. 

 

En el fondo, lo relevante no es si tu jefe es bueno o malo, si te inspira o te desmotiva, si te ayuda a brillar o te lo impide, si se alegra con tus logros o más bien le incomodan. Lo realmente importante es la cultura empresarial que hay en tu organización: qué valores la rigen, cómo son los profesionales que trabajan contigo, qué utilidad reciben vuestros clientes... En definitiva, si hay un clima basado en el respeto y el afecto. 

 

La cultura de tu organización es la clave. Y la buena noticia es que depende de ti, en la misma medida que depende de tu jefe, y del jefe de tu jefe.

 

...