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Diario de información económica del sector inmobiliario

25 May 201814:52

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The Party

The Party

Cuando contemplas el rostro de Barcelona desde el Turó de la Rovira, ante la ordenada retícula de nuestra ciudad, es inevitable posar la mirada en las formas redondeadas de la Torre, para admirar su plasticidad y su enorme potencia visual.

De noche, la Torre aprovecha la oscuridad para mostrar su vibración y transparencia con total desinhibición. Nuestra Torre es efectista y domina el arte de la seducción.

 

La fiesta de inauguración de la Torre se celebró una noche del verano de 2005. Entré en su interior por primera vez con gran emoción, después de haber estado inquiriendo minuciosamente sobre sus números, como auditora de Layetana que fui durante dos años. La cuenta de explotación con la que tanto había bregado, se había convertido en un edificio bellísimo, que esa noche albergaba al variopinto colectivo del real estate.

 

Al poco de llegar allí, alguien a quien supuse arquitecto, se ofreció a enseñarme la última planta de la Torre, mientras me explicaba que la inspiración de Nouvel para diseñarla había sido un géiser: “el color rojo de la zona inferior de la fachada representa el agua calentada por el magma subterráneo y el tono azul figura el agua que se va enfriando, a medida que el chorro gana altura. Todo culmina en la cúpula de vidrio en la que nos encontramos. ¿Te das cuenta, Anna? estamos en la espuma que remata el géiser”.

Al tratarse de la futura sede de Agbar, el símbolo de una fuente termal me pareció impecable. Él no paraba de hablar y yo no podía parar de sonreír.

 

En un movimiento rápido y resuelto, cogió la palma de mi mano, y con su dedo índice marcó una línea en diagonal. Con actitud concentrada, dibujó en mi mano dos líneas más: “tu palma es Barcelona. Esta línea es la Diagonal, esta otra la Gran Vía y aquí está la Meridiana, y las tres vías interseccionan aquí.” Depositó con fuerza su índice en el centro de mi palma y anunció: “este punto es Glòries. Cerdà, dentro de su plan, concibió la plaza como uno de los grandes centros de Barcelona y durante más de un siglo hemos pensado que se equivocó, pero yo creo que el tiempo le dará la razón. En un par de décadas, todos los barceloneses querremos vivir en el frente marítimo. Estamos en el futuro centro de Barcelona, Anna, no hay duda. Y la Torre, será su corazón”.

 

Él proseguía: “su mayor singularidad la conforman sus ventanas, 4.500 aperturas que perforan el hormigón armado de la fachada. Para obtener una mayor uniformidad lumínica, Jean Nouvel ha situado más ventanas en el lado norte y menos en el sur. Este esfuerzo en el cuidado de la luz provoca un ambiente casi cinematográfico en el interior de la Torre. Quedémonos aquí hasta que amanezca, y lo comprobarás...”

 

Un grupito de amigas mías apareció de repente, llenando la estancia de risas y alegría. Hacía tiempo que no las veía y empezamos a hablar con gran entusiasmo. Pasados unos segundos, me di cuenta de que el supuesto arquitecto había desaparecido.

 

Pasaron años sin que volviéramos a coincidir. Cuando lo reencontré, descubrí que no había participado en el proyecto de la Torre y que tampoco era arquitecto.

 

Pero trabajaba en el sector inmobiliario y su afición era visitar inmuebles para descubrir sus secretos y disfrutar de su belleza.

 

Desde entonces hemos visitado muchísimos edificios juntos, de día y de noche.

Y ahora, que nuestro hijo ya ha cumplido siete años, también programamos visitas con él.

 

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