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Diario de información económica del sector inmobiliario

23 Oct 201709:43

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Compañías, escuadrones y francotiradores

Compañías, escuadrones y francotiradores

Han pasado muchos años, y cuántas veces me viene a la memoria como trabajábamos hace 25 años los que nos dedicábamos a comercializar naves, edificios y terrenos industriales por los diferentes polígonos de Cataluña; normalmente quedabas con los clientes en el restaurante o bar del mismo polígono, para luego desde allí, acompañarles al inmueble que nos había solicitado gracias a aquellos minúsculos anuncios clasificados.

 

Esta era la situación ideal, pero cuando por lo que fuera no se presentaba el interesado, no tenías a mano un teléfono móvil, ni aplicaciones como el mail, o el whatsapp (no existían), para comunicar con él de inmediato, y saber dónde se encontraba o qué había pasado, y por qué no acudía a la hora convenida; si estabas en el bar mencionado antes, tenías que llamarle desde su teléfono fijo. Pero si tu cita se había convenido en cualquier otro sitio, viendo que pasaban los minutos, ibas en busca de una cabina telefónica cercana para llamarle, con el riesgo que tenías entonces; que mientras estabas yendo a llamarle, el cliente se podía presentar en el lugar, y viendo que tú no estabas, se marchase. 

 

Fue a principios de los 90 cuando donde trabajaba entonces, y ya con la responsabilidad de su departamento Industrial, la compañía me puso a disposición personal un teléfono móvil o más bien un artefacto, con unas baterías gordas que pesaban un montón, y que valía un imperio. Pero avanzábamos. Se subsanaba un posible plantón de forma más rápida.

 

El concepto compañía lo asocio a una empresa compuesta de varios departamentos ofreciendo diferentes servicios inmobiliarios (Retail, Industrial, Residencial, Oficinas, Inversión…). Ello obliga a gran estructura y consecuentemente a números mayores en todos los ámbitos.

 

Los comerciales de la empresa nos poníamos constantemente en contacto con demandantes y ofertantes intentando concertar visitas o reuniones para ofrecer nuestros servicios, o ir a visitar cualquiera de los inmuebles que más se podían adaptar a las necesidades del cliente. Y eso era el pan nuestro de cada día, para al final de la semana dar rapport al responsable inmediatamente superior, del mismo modo que tu previamente lo habías hecho con la gente del departamento que entonces dirigías.

 

Hoy, el modo de actuación en una compañía sigue siendo más o menos el mismo, aunque cada vez más apoyado por un departamento de marketing, y por algunas herramientas que en aquel entonces no existían, como por ejemplo las redes sociales, y otras.

 

La gratificación o remuneración que se recibe en la mayor parte de las compañías es en forma de fijo + variable, por lo que te mueves con un objetivo, y por esta causa, existe cierta competitividad interna en el departamento.

 

No pasa lo mismo o de igual forma en las empresas montadas como si se tratara de escuadrones. Me explico: aquí me refiero más a una empresa especializada ya en un sector determinado, y que sólo se dedica a él, como por ejemplo el industrial. Esta empresa se compone de varias personas, uno, dos o tres comerciales, un administrativo/a, un Administrador de Fincas, y el propio Agente Inmobiliario titular de la inmobiliaria. Aquí la competencia interna casi no existe, y aunque la empresa es más pequeña, la competencia externa se tiene con los departamentos del mismo sector de las compañía que he hablado anteriormente. Escuadrones y Compañías utilizan las mismas herramientas, bases de datos, publicidad, marketing…, La diferencia es que en los escuadrones las personas que deciden son una o dos, y en las compañías las decisiones tardan más en tomarse porque para decidir hay que dar cuentas primero, y seguir un organigrama y un protocolo más exigente.

 

Por último, el francotirador, o lo que es lo mismo, el freelance, o trabajador autónomo que trabaja por cuenta propia. Trabajador independiente cuya actividad consiste en realizar trabajos de forma autónoma, para terceros que requieren sus servicios para localizarles un inmueble o en caso contario venderles o arrendarles. el francotirador cobra por sus servicios no en función del tiempo empleado sino del resultado obtenido. Se trabaja por un encargo único, y puede haber continuidad o no haberla nunca más. El francotirador está sólo; él se administra los gastos y también los ingresos; para que un francotirador sea reconocido, es necesario que se dedique a su profesión muchos años. No es nada fácil competir; se ha de enfrentar a las compañías y a los escuadrones. Pero hay una realidad, lo que recibe por sus servicios, su 100 % es para él.

 

Todas estas figuras son buenas y lícitas; hay personas que prefieren estar en empresas tipo compañías o en escuadrones de otras, y otras personas, que por su personalidad, carácter, ego, anarquismo, etc…., prefieren estar en la batalla con su escopeta montada, mirilla incluida, apuntar y disparar.

 

A mi empresa, NCI Asesores Inmobiliarios, la integro dentro de las catalogadas como escuadrón. Personalmente ya he pasado por algunas compañías, y quizás debido a ello prefiero actuar como un francotirador dentro de un escuadron.

 

En el campo de batalla estamos todos, y todos debemos hacerlo con fuerza, constancia, ilusión, ética y profesionalidad; así podremos conseguir cada uno nuestro objetivo, y nuestros clientes también los conseguirán. Lo de menos es la forma, y lo que pesa es el fondo.

 

Un apunte más muy importante: a las empresas las hacen personas, y por mucho nombre, o tamaño que ésta tenga, lo que verdaderamente acaba valorando el cliente es el profesional que le atiende.

 

DonPolígono.

 

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