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Diario de información económica del sector inmobiliario

22 Oct 201822:07

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Me voy a la competencia

 

Este post es para todos aquellos profesionales que estéis pensando en dejar vuestra empresa para ir a trabajar a la competencia. Ojalá este texto os ayude a acertar con vuestra decisión.

 

Durante mi vida laboral he vivido esta situación en multitud de ocasiones, siendo a veces la representante de la empresa que sufre la pérdida y en otras ocasiones, la representante de la empresa que realiza el fichaje.

 

En el momento del abandono, todo empieza con: "Anna, ¿tienes un momento para hablar en privado?" Antes de que entremos en la sala contigua a mi mesa, ya sé perfectamente qué voy a escuchar... e incluso sé el nombre de la empresa a la que se va a incorporar.

 

Los motivos que he escuchado con mayor asiduidad para argumentar la decisión de cambio, los resumo a continuación, pues es posible que alguno de ellos sea el que te esté rondando por la cabeza:

 

1) Te sientes mal tratado o sencillamente, minusvalorado.

Con razón o no, sientes que no hay reciprocidad entre lo que estás aportando y lo que se te está reconociendo, por lo que tienes muchas ganas de irte dando un portazo simbólico y a veces, literal. La perspectiva de incorporarte a la empresa competidora te genera una gran euforia, pues crees que por fin se hará justicia con tu valía.

 

Te confieso que ante tal situación, la empresa abandonada suele reaccionar de dos maneras: o bien con un gran alivio, pues la competencia se lleva a alguien que no ha encajado, o bien, con gran pesar y arrepentimiento por no haber sabido cuidar de un profesional con talento, que ahora brillará en las filas del competidor.

 

2) La competencia te ha hecho una "proposición indecente" a nivel salarial. Tú estabas contento en tu posición actual, pero la tentación de ganar más dinero haciendo (teóricamente) lo mismo, te resulta irresistible.

 

Respecto a la reacción de la empresa de origen, en estos casos también bascula entre descorchar champán o sentir abatimiento.

 

Champán, cuando cae en la cuenta que la competencia se está cargando de costes innecesarios. Se genera, incluso, una cierta condescendencia hacia al competidor, que se ve obligado a “sobrepagar porque no saben hacer cantera".

 

Lo habitual, no obstante, es que se sienta abatimiento por no haber podido ofrecer un proyecto lo suficientemente atractivo para que el profesional se permita rechazar una mejor oferta económica.

 

3) Sientes que el nuevo proyecto te permitirá un crecimiento profesional mayor.

Tras años de experiencia, cuando alguien de nuestro equipo me cuenta su caso, ya puedo percibir con claridad si lo que le espera en la otra empresa será realmente una mejora o no.

 

Cuando noto que se ha montado una fantasía lejana a la realidad -recuerdo un caso especialmente flagrante-, siento una gran tristeza, pues mi posición de "abandonada", resta credibilidad a mis esfuerzos por mantenerlo a nuestro lado.

 

Ahora bien, cuando realmente me doy cuenta de que tendrá la oportunidad de mejorar profesionalmente, le doy un abrazo y le deseo lo mejor. Sé que no tiene sentido retenerlo.

 

Estos tres grupos resumen a trazo grueso las motivaciones que más he escuchado. Pero la realidad es que cada profesional tiene sus propias variables en juego. Las etapas vitales, los fines de ciclo, las emociones y las vivencias de cada cual juegan un papel importantísimo a la hora de tomar una decisión así. Cada caso es único y especial.

 

Mi recomendación es que reflexiones con sinceridad cuál es tu motivación y actúes en consecuencia.

 

1) No dejes tu empresa por rencor, trata de movilizar las cosas antes de irte, y si no hay respuesta, vete, pero sin ira. No tomes la decisión en caliente, date tiempo para meditar.

 

2) No dejes tu empresa sólo por dinero, planifica tu carrera con una perspectiva a largo plazo. Si el incremento económico no va acompañado de un mejor proyecto profesional, piénsatelo dos veces. Nuestro mercado es muy transparente y es probable que la diferencia salarial desaparezca en relativamente poco tiempo. Por otro lado, ten en cuenta que si te fichan por un salario claramente superior al de mercado, vas a tener que soportar una presión descomunal. Las cosas tienen que ser proporcionadas y tener un encaje natural: desconfía de todo aquello que sea muy forzado, pues es más que probable que te ponga en aprietos.

 

3) Calibra bien si el nuevo proyecto te va a dar realmente mayores posibilidades de crecimiento. Por desgracia, no es fácil saberlo a ciencia cierta hasta que no hayas dado el paso definitivo.

 

Hay veces en la vida, que da un poco igual si tomas la decisión adecuada o no, simplemente necesitas cerrar una etapa e iniciar otra. Esa motivación puede ser más que suficiente. Aunque es natural que cuando llevas varios años trabajando en la misma empresa, sientas la pulsión de cambio, y que el césped del vecino parezca más verde o la carne de su barbacoa más roja...

 

La verdad es que, por mucho que lo haya vivido varias veces y haya aprendido a sobreponerme, he sentido tristeza con cada una de las salidas de los miembros de nuestro equipo, aunque siempre he procurado despedirme con una sonrisa y mostrar agradecimiento.

 

Ha habido una sola vez en la que he llorado sobre el hombro de la persona que me comunicaba su salida. Dejé mi abundante rimmel corrido en el cuello su camisa y salí de la sala con el corazón roto. El destino, que siempre ha sido magnánimo conmigo, hizo que esa persona volviera a trabajar con nosotros en menos de 6 meses. El día de su regreso tuve una alegría inmensa.

 

Las personas entramos y salimos de las organizaciones, y este trasiego no es ni bueno ni malo per se. Lo que hace grandes las organizaciones es el espíritu que reina en ellas, la cultura que describe las maneras de funcionar, los valores con los que se gestiona. Estoy hablando del espíritu del que se impregnarán los profesionales que trabajen en esa organización, lleven décadas trabajando allí o sean recién llegados.

 

Mucha suerte con tu decisión.

Por favor, hazme saber si puedo ayudarte.

 

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