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Diario de información económica del sector inmobiliario

22 Oct 201820:18

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Reinvención eterna

Reinvención eterna

El primer día que me incorporé donde aún trabajo, sin tener a penas nociones del Sector Inmobiliario, observé con gran curiosidad que mis nuevos compañeros estaban volcados en “cerrar operaciones en 22@“.

 

Transaccionaban suelo y edificios acabados, asesoraban urbanísticamente a los propietarios de activos, implantaban empresas en edificios de oficinas, rehabilitaban edificios industriales obsoletos para reconvertirlos en inmuebles modernos y eficientes… Era un no parar, la ciudad parecía explotar de actividad en el barrio del Poblenou.

El fin de semana les contaba a mis amigos, todos ellos ajenos a mi profesión, la increíble transformación que se estaba produciendo en el Poblenou y me miraban con cara de “no sé de qué me hablas, no me suena nada”.


Lo único que eran capaces de identificar era Torre Agbar (actualmente Torre Glòries), pues desde el primer día, la ciudad acogió con gran entusiasmo su arquitectura icónica y sus colores azul-grana nocturnos. El skyline de Barcelona integró el edificio como patrimonio propio y amado desde el inicio.

El lunes volvía a trabajar a la oficina, ya entregada en cuerpo y alma a 22@, y al recordar las caras de indiferencia de mis amigos durante el fin de semana, tenía la sensación de estar dedicada a una actividad clandestina, que el resto de la ciudad descubriría algún día, cuando nos decidiéramos a “levantar el telón” de todo lo que estaba ocurriendo allí.

“Lo que estaba ocurriendo allí” era una mágica -y rara- coordinación entre el Sector Público y el Sector Privado, que sin pactarlo demasiado, nos pusimos a trabajar juntos con gran eficacia y hasta con una cierta euforia, pues éramos plenamente conscientes de que estábamos tejiendo urbanísticamente una parte importante de nuestra ciudad.

La historia de 22@ empieza con la aprobación de un Master Plan en el año 2000, para dar solución a 200 hectáreas de suelo situadas en el barrio del Poblenou, que aún mantenían la calificación urbanística de uso industrial. Esta calificación del suelo está representada en el urbanismo barcelonés con la clave “22a”. Se trataba del suelo que había albergado las fábricas que en el siglo XIX y principios del XX habían hecho de aquella zona la vanguardia de la modernidad gracias a la eclosión de la industria textil.


Se trataba de las fábricas que posteriormente fueron abandonadas con el auge de la Zona Franca y de los polígonos industriales alejados de la ciudad, y que en los años 90 alojaban talleres, empresas de transporte y alguna industria obsoleta que sobrevivía rodeada de viviendas. Clamaba al cielo la necesidad urgente de optimizar aquel suelo degradado en pleno barrio del Poblenou.

 

El Planeamiento aprobado el año 2000 dio una respuesta contundente, apostando por un nuevo modelo de ciudad, ambicioso y desacomplejado. Barcelona, tras la celebración de los Juegos Olímpicos tan sólo ocho años antes, estaba ansiosa de reinventarse de nuevo y 22@ fue el proyecto en el que volcó sus ansias de volver a proyectarse al mundo.  

 

Se sentaron las bases urbanísticas y arquitectónicas para que Barcelona fuera capaz de atraer a las mejores empresas que buscaran sede en el sur de Europa. Y todo ello, guardando un respeto exquisito hacia todos los elementos históricos y artísticos del esplendor del pasado industrial que habían sobrevivido al paso del tiempo.


Convertir la clave “22a”, símbolo urbanístico de los usos industriales, en “22@”, fue toda una declaración de intenciones.


Ahora nos parece un poco vintage, pero el símbolo “@” en el año 2000 nos hablaba de futuro, de progreso y de tecnología. Gritaba modernidad. Era la promesa de una nueva economía, más democrática, más dinámica y más joven.


El distrito 22@ debía ostentar un lenguaje pionero, unas formas rabiosamente modernas, que fueran un reflejo del deseo que habitaba en nuestra ciudad: unas ganas irrefrenables de ser una ciudad avanzada, capaz de atraer talento e inversiones.

Los objetivos que nos marcamos en el año 2000 se han superado ampliamente. 22@ es un caso de éxito sin paliativos: alberga multitud de empresas de primer nivel, recibe cada día gran cantidad de profesionales y cuenta con una vida cultural y asociativa extremadamente rica. Lo que me parece más interesante, es la personalidad que desprende el Poblenou, un barrio que convive con un distrito de negocios ambicioso, pero sumamente respetuoso con su entorno. Toda esta mezcla respira autenticidad, pues ha sabido mantener su historia centenaria impregnada en su carácter. No hay nada que me parezca más moderno y más innovador.

De todos modos, 22@ sigue siendo un espacio en plena transformación: hay muchas manzanas que todavía están pendientes de transformación urbanística, un desarrollo que irá acompasado a la pulsión de la demanda.

 

Recientemente el Ayuntamiento de Barcelona ha puesto en marcha un proyecto para “repensar 22@”, iniciativa que aplaudo, porque en mi opinión, abrir un debate sobre cómo queremos que sea nuestra ciudad es el camino adecuado para definir un buen urbanismo: el que está al servicio de las necesidades de los ciudadanos, según el momento histórico que les haya tocado vivir.

 

En mi opinión, no deberíamos renunciar a la esencia del proyecto original, que ambicionaba atraer a Barcelona a las principales empresas que buscan sede en el Sur de Europa, pues un tejido económico fuerte propulsa a la ciudad en todos los ámbitos. Aunque sin duda, el diseño inicial deba reinterpretarse y perfeccionar.

 

Lo que hace grandes a las ciudades es su capacidad de perpetua reinvención, no nos detengamos nunca.

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