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21 Octubre 2021F11.28h

C

Residencial

Por Marta Tamayo
28 Sep 2020
F04.54h
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Ciudad ‘do it yourself’: el urbanismo táctico se cuela en las calles post-Covid

Barcelona ha suprimido 2.000 plazas de párking para poner terrazas asegurándolas entre bloques de hormigón y bolardos de plástico y peatonalizado calles señalizadas con aerosol.

Ciudad do it yourself: el urbanismo táctico se cuela en las calles post-Covid

Las calles de Barcelona han extendido sus aceras sin necesidad de cemento ni taladros que modifiquen el mobiliario urbano. La solución del equipo de la alcaldesa Ada Colau ha sido mucho más fácil. Para quitarle espacio a los coches, que copa el 60% de la ciudad, y ensanchar el del peatón en la era del distanciamiento social ha bastado pintura en cantidades industriales, bolardos de plástico, bloques de cemento y alguna maceta.

 

El Ayuntamiento ha izado la bandera del urbanismo táctico, basado en la realización de reformas rápidas, baratas y reversibles. Con esta práctica se han eliminado 2.000 plazas de párking de la capital catalana para poner terrazas de bares, dejando así libre más espacio en la acera y permitiendo aumentar la distancia de seguridad.  

 

Las reformas siguen la tendencia que ha usado el Consistorio tras el confinamiento y que se encuentran bajo el paraguas el urbanismo táctico. Desde abril, cuando se presentó un nuevo plan de movilidad para la nueva normalidad, se han añadido 21 kilómetros de carriles bici y 30.000 metros cuadrados más para uso de peatones mediante aerosol y pintura y sin realizar una sola obra.

 

 

 

 

“Una de las características del urbanismo es que exige una planificación, pero el urbanismo táctico son intervenciones sobre el espacio público para dar solución a problemas sobrevenidos, como los acontecidos a raíz del coronavirus”, explica Laia Soriano-Montagut, urbanista del Área Metropolitana de Barcelona (AMB).

 

Barcelona ya había realizado este tipo de reformas de bajo coste a través de la implementación de las superilles o en algunas terrazas cercanas a la Sagrada Familia donde las aglomeraciones de turistas eran constantes.

 

Este movimiento dentro de la planificación urbana busca soluciones para retos a corto plazo planteando intervenciones baratas y que tengan un gran impacto en el área urbana. Antes de que Barcelona la hiciera suya, otras ciudades ya se habían inundado de pequeñas reformas que apuestan por un gran cambio, muchas veces impulsadas por los propios ciudadanos.

 

 

 

El concepto nació en el continente americano cuando se tituló así la reforma de Times Square de Nueva York, para convertir un cruce de carriles en una plaza peatonal usando solo pintura y mobiliario plegable.

 

La ciudad estadounidense se ha erguido como uno de los principales impulsores de esta tendencia gracias, en parte, a Janette Sadik-Khan, comisaria de transportes y movilidad del Ayuntamiento de Nueva York durante el mandato de Michael Bloomberg. La urbanista añadió 650 kilómetros de carriles bici a la ciudad y realizó cincuenta peatonalizaciones usando menos del 1% del presupuesto municipal.

 

Estas prácticas tácticas para modificar la ciudad también han sido definidas como un movimiento político, por urbanistas como Mike Lydon o Lee Stickells. Las reformas se enmarcan en un intento de la ciudadanía para empoderarse a través de la modificación del espacio público con vocación de impactar en la política urbana.

 

Con esta filosofía nació Park(ing) Day, un movimiento impulsado por un grupo de vecinos de San Francisco que consiste en convertir plazas de aparcamiento en miniparques. El movimiento fue impulsado por un grupo de diseñadores urbanos alquilando una plaza de parking en la calzada para amueblarla con césped, arboles, macetas y un banco pero ya se ha transformado en un movimiento que ha llegado a ciudades como Barcelona, Dublín, Seattle o Hamburgo.

 

Son reformas que no se hacen pensando en la ciudad del mañana, si no en el presente, con un enfoque más humano que pone las necesidades de las personas en el centro”, asegura Soriano-Montagut.

 

 

 

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