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Beth Galí: “Las operaciones en la ciudad no se pueden trabajar con miedo”

La arquitecta y diseñadora industrial es una de las mentes tras la transformación de Barcelona para los Juegos Olímpicos de 1992. Entre sus proyectos, destacan las áreas olímpicas de Diagonal y Vall d’Hebron.            

Beth Galí: “Las operaciones en la ciudad no se pueden trabajar con miedo”
Beth Galí: “Las operaciones en la ciudad no se pueden trabajar con miedo”
La arquitecta y diseñadora industrial es una de las mentes tras la transformación de Barcelona para los Juegos Olímpicos de 1992.

Lucía Rodríguez

5 abr 2024 - 05:00

Durante los Juegos Olímpicos en 1992, Barcelona se transformó en una ciudad moderna y reconstruida. Los primeros años de democracia se materializan en grandes cambios y una mirada joven y sin miedo. Beth Galí formó parte de esta transformación, dejando su huella en la capital catalana. Galí, que este año es presidenta del jurado y representante del Cccb para el Premio Europeo del Espacio Público Urbano 2024, traza la evolución desde a aquella Barcelona tan viva hasta el momento presente. 

 

 

Pregunta: Fuiste subdirectora del Instituto Municipal de Promoción Urbanística y los Juegos Olímpicos entre 1988 y 1992. ¿Cómo ves la ciudad actualmente y qué diálogo establece su obra con ella? ¿Ha perdido el prestigio que atesoraba?

 

Respuesta: Cuando empezamos a hacer toda la reforma de la primera Barcelona democrática, nos encontramos con una ciudad desvalijada. Para nosotros era un buen principio porque estaba todo por hacer. Éramos jóvenes, con una democracia que daba sus primeros pasos y con todo a favor. Trabajamos en la ciudad tanto en escala pequeña como a escala de los Juegos Olímpicos. Las cuatro áreas olímpicas fueron la excusa de consolidar cuatro puntos de Barcelona que estaban todavía descohesionados, pero todas las ciudades se enfrentan al problema de seguir una dinámica. Cuando no hay voluntad política, las ciudades tienden a decaer. Mantener una ciudad con la calidad que ha tenido con grandes reformas es políticamente muy difícil. Esto es lo que ha pasado en Barcelona. 

 

 

P.: Tiene proyectos en Irlanda, Países Bajos, Alemania… ¿Qué distingue a la arquitectura catalana y española respecto a sus vecinas?

 

R.: Por aquel entonces, Barcelona era la punta de lanza de todas las ambiciones que tenían los políticos en esas ciudades. Por todo lo que se había hecho y por su rapidez. Estas ciudades se han reflejado en Barcelona. Cambiando su forma de ver el espacio público, no desde una cosa paisajística o puramente de mantenimiento, sino de proyectar el espacio público como una pieza arquitectónica. Es la gran diferencia de cómo se trabajaba antes el espacio público. Aquí han quedado intentos de mejorar la ciudad a través de sus proyectos urbanos como, por ejemplo, los ejes verdes. Pero se ha hecho de una forma muy tímida, con miedo. Las operaciones en la ciudad no se pueden trabajar con miedo porque si no se quedan a medias. 

 

 

 

 

P.: Uno de tus focos ha sido reformular el espacio público; por ejemplo, que el centro histórico pueda transitarse. ¿Qué patrón debe seguir el diseño del espacio público?

 

R.: El espacio público tiene que servir a la gente para estar igual o mejor que en sus casas. Hay otros requerimientos importantísimos, como la sostenibilidad. También hay que saber encontrar el buen diálogo entre el ciudadano y los elementos que circulan por el espacio público. En Barcelona se ha olvidado esta convivencia. No es sólo la movilidad, también la carga y descarga, los taxis, los bomberos, las ambulancias…. Tiene que existir una compaginación de los usos de cada una de las áreas que afectan a la calle. 

 

 

P.: ¿La accesibilidad es un eje fundamental del nuevo urbanismo? ¿Cómo puede integrarse la accesibilidad a la conciencia social actual?

 

R.: Es básico. En Barcelona, en la década de los ochenta, todos los pasos de peatones eran accesibles. Algo que pocas ciudades tenían. La accesibilidad es de las primeras cosas que hay que estudiar cuando se trabaja el espacio público. Actualmente, ya está normatizado en Barcelona. Fue de las primeras ciudades que se consideró accesibles al 100%. 

 

 

P.: ¿Hasta qué punto la arquitectura y el urbanismo son cuestiones políticas? ¿La creatividad y la libertad de la disciplina están limitadas por el vector político?

 

R.: El trabajo de un arquitecto tiene, cuando trabaja en la ciudad, tanto si es urbanismo como si es espacio público, una vertiente política muy fuerte. Existe un feedback. El político tiene que saber exactamente qué es lo que quiere hacer en su ciudad y los arquitectos tenemos que responder a los requerimientos de los políticos de una determinada orientación. Muchas veces tenemos que trabajar con alcaldes con los que no estamos de acuerdo. 

 

 

P.: Entrada de las generaciones jóvenes: ¿está cambiando el discurso? ¿Qué traen de nuevo?

 

R.: El cambio está siendo enorme y rápido. Después de un periodo de arquitecturas icónicas, de grandes singularidades, ha habido una vuelta hacia la homogeneización. La gente joven se fija más en las imágenes que ven a través de internet, sin saber el autor, ni de donde es. Se alimenta de eso y entonces la arquitectura acaba siendo muy homogénea. No digo que esté mal, durante los años sesenta y setenta se produjo una arquitectura parecida, se llamaba realismo arquitectónico, y ahora se están dando los nuevos realismos arquitectónicos. Hay un hilo conductor en todos los edificios y espacios urbanos. Lo que no me parece bien es que provenga de imágenes. La arquitectura no son imágenes, es mucho más. La homogeneización no sé si beneficia a toda esta cantidad de elementos. Al final va dirigido a comunidades muy distintas, incluso en la misma ciudad. 

 

 

 

 

P.: ¿Cómo ha impactado el cambio climático en el diseño de las ciudades? ¿Notáis un cambio de diseño?

 

R.: Sí, muchísimo. Los edificios tienen unos requerimientos que antes nadie pensaba, como los techos colectores de energía o el sistema de reutilización del agua. El problema es, con estos cambios, compaginar una buena calidad arquitectónica con todos los requerimientos socioambientales. Ves edificios que tienen todos los requerimientos, pero son arquitecturas horrorosas. Es fantástico, ojalá fueran todos así, pero van a ser unas ciudades poco atractivas. Tienes que ir espabilando, encontrar todas las formas distintas para asimilar los nuevos retos.

 

 

P.: ¿Cómo impactan las nuevas tecnologías en el diseño urbano del espacio público? ¿Sostenibilidad?

 

R.: Va todo rapidísimo. Cada día van apareciendo cosas nuevas. Los artistas somos lentos, somos gente que pensamos mucho y las tecnologías nos están empujando de una forma un poco agresiva. No tenemos tiempo para asimilar todo lo que se está desarrollando, pero que tiene sus partes negativas y sus partes positivas. También te ayuda a lograr cosas que sin ellas sería imposible. Si lo tomas como una herramienta, tiene unas posibilidades inmensas. 

 

 

P.: ¿Modelos urbanos actuales como la ciudad de los quince minutos estaban presente en los diseños de la Barcelona olímpica?

 

R.: Se empezaba a ver. Barcelona es un poco policéntrica. Tiene barrios muy autónomos que se constituyen como pequeños centros. En cambio, hay ciudades que son mucho más homogéneas. Pero me gusta mucho que en Barcelona cada pequeño centro tiene su propia vida. 

 

 

P.: ¿Cómo se proyecta el futuro arquitectónico de Barcelona y sus espacios públicos?

 

R.: Con muchas deficiencias y algunos aciertos. Pienso que es una lástima que se haya gobernado estos últimos años con un cierto miedo. En la época de los Juegos Olímpicos, de la democracia joven, los políticos tenían claro lo que querían y ponían toda la fuerza. Una iniciativa política muy buena, la de ejes verdes en la ciudad, se ha hecho tímidamente. Hay que ser valiente. Cuando estás empezando una operación tan fuerte, vas a tener a toda la ciudad en contra, pero tú tienes que tirar para adelante.