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Diario de información económica del sector inmobiliario

26 Sep 201709:27

Blog

Camión-Mesa en un Polígono de Martorell

Camión-Mesa en un Polígono de Martorell

Cuánto le debo a la persona que me formó. Fue hace muchos años. Poco a poco me hizo tomar la profesión como un hobby; además de enseñarme todo lo que él había aprendido sólo, me inculcó que en este mundo el dinero no lo es todo. Los cerca de diez años que pasé a su lado me sirvieron para percatarme de lo que era cada uno de los puestos de trabajo de una inmobiliaria. Empecé yendo por los polígonos a pegar carteles, desasistido, y teniendo que encontrar cabinas de teléfono para contactar con la oficina; pasando luego por el departamento comercial industrial, al principio acompañado, luego ya sólo; hasta responsabilizarme del todo, y facturando como el que más. Estas fueron las etapas que a posteriori me han servido para poder entender que todos somos importantes en una empresa, y que para poder ganar la partida de ajedrez, no se puede sólo hacer con el Rey y la Reina. Todas y cada una de las piezas son imprescindibles.

 

Desde hace tres décadas y un lustro estoy jugando una partida de ese “ajedrez”, y sabiendo que normalmente ganan o blancas o negras, ambas piezas importantes, lo deseado es acabar en tablas. Todo el mundo gana, o mejor dicho, nadie pierde.

Empezaré mi andadura en EjePrime contando una de las últimas anécdotas que me han pasado; así empiezo hablando de mi principio en el sector, y de la última pieza movida recientemente de la partida de ajedrez, y que espero sea por muchos años más.

 

Una de las últimas operación que firmé el mes pasado la concretamos en la base de un camión. El arrendador quiso firmar in situ en la misma nave. Mi comentario fue hacer hincapié en decirle al susodicho que en la nave no había ni mesas, ni nada. Era una nave impecable, nueva, pero sin ningún apoyo para firmar un contrato de cierta importancia, y distribuir los pagos en forma de cheques. Mi temor, ante la exigencia por parte de la propiedad era el clima; qué tiempo haría. ¿Viento? ¿Quizás lluvia? Porque claro, lo íbamos a firmar en la intemperie, en el mismo patio de la nave. Se abrió un lateral y el camión se convirtió en una mesa de unos 20 metros cuadrados. Suerte tuvimos que el tiempo nos acompañó, y que aguantando unos a otros, con las manos, cada uno de los folios, pudimos firmar. Hasta hoy nunca había firmado de pie encima de un camión.

 

Lo que me supo mal es ver al director general de una multinacional líder mundial en su producto, sin sentarse, para comprometerse los próximos diez años con este contrato. Esperemos que la forma inicial no sea un mal presagio para la continuidad.

 

En mi sector, no todo son trajes, corbatas, y oficinas de lujo.

 

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