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Diario de información económica del sector inmobiliario

26 Sep 201709:24

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El descanso del guerrero inmobiliario

El descanso del guerrero inmobiliario

La que nos cayó encima a los profesionales del sector inmobiliario hace ahora diez años fue de dimensiones monumentales. Soportamos una crisis dura, larga y cruel que arrancó en 2007 y no cesó hasta pasados 7 años, dejando nuestro sector tiritando.

 

Los profesionales inmobiliarios pasamos por una etapa extenuante de adaptación a las nuevas condiciones de mercado. Es cierto que la crisis afectó a todos los segmentos económicos de nuestro país, pero la rapidez y la contundencia con la que nos impactó a nosotros, no tienen parangón.

 

Tras esa etapa, nos ha llegado una recuperación rápida y dinámica, que es tremendamente exigente y nos somete a un ritmo trepidante, pues las ventanas de oportunidad se están abriendo y cerrando a una gran velocidad. Alguien lo tiene que decir: ¡los inmobiliarios estamos agotados!

 

Propongo que nos concentremos un momento en nuestra recuperación. Me refiero a la recuperación de los profesionales (no a la del sector, que está como una lechuga).

En toda esta vorágine de subidones y bajones de ciclo, debemos encontrar nuestra válvula de escape, nuestro "descanso del guerrero" (o de la guerrera) para superar el agotamiento y recargarnos de energía.

 

Con toda la humildad, aprovecho este post para compartir mi fórmula particular, pues ha resultado tener unos efectos sumamente beneficiosos, por lo que ojalá pueda contribuir a que más personas los obtengan.

En mi caso, es algo tan simple, y la vez, tan tremendamente sofisticado, como la práctica de yoga. En concreto, Bikram yoga, que consiste en sesiones de 90 minutos a 40 grados de temperatura.

 

Yo empecé a practicar Bikram en Enero de 2016. En ese momento no era consciente de la etapa vital por la que atravesaba, pero ahora me doy cuenta que esa fecha tenía varias particularidades que hicieron que el yoga me impactara de manera muy intensa.

El momento en el que te llegan las oportunidades, o incluso las personas que pasan por tu vida, es crucial para que éstas se enraícen en ti y te modifiquen de algún modo. Enero del 2016 era el momento adecuado.

 

Por un lado, mi hijo Carlos acababa de cumplir 5 años y su crianza estaba entrando en una etapa muy diferente a la precedente, que había requerido de mí una dedicación extrema, por culpa de mi malentendida autoexigencia.

En ese momento, aunque lejos de constituir un "ser independiente", Carlos ya estaba configurando una vida propia de actividades, aficiones, así como un mundo afectivo fuera del núcleo familiar, por lo que me permití aflojar (un poco) la tensión de sus cuidados.

 

Por otro lado, en el plano profesional, 2016 supuso el fin oficial de la crisis y la normalización de nuestra dinámica de trabajo. Para ser sincera, debo confesar que empecé a pasármelo en grande. Nuestro esfuerzo encontraba retorno con gran naturalidad, en forma de contratos, facturas y cobros regulares (esto último, nada evidente durante la etapa de crisis).

 

La alegría reinaba en la oficina. Volvíamos a contratar gente joven que llegaba cargada de ilusión y con una energía fresca que nos contagiaba a todos. Queríamos con nosotros el mejor talento del mercado. Y lo queríamos cuidar con esmero, formar con exigencia y hacer que se sintiera orgulloso de pertenecer a nuestro equipo.

 

Tras la crisis, nos sentíamos como el guerrero que ha descubierto los secretos de la batalla y que regresa a casa más sabio, más refinado y sobre todo, más certero. En nuestro equipo se habían generado unos lazos emocionales poderosos. Nos sentíamos fuertes, ágiles y rápidos.

 

En este marco se cruza el yoga en mi vida y la eclosión que me produce es una descarga de endorfinas monumental. Voy a tratar de resumir lo que ha supuesto para mí, en forma de tres enseñanzas, que han resultado de gran utilidad para mi trabajo:

 

1)    "Respira"

 

En mi profesión es habitual hacer presentaciones a clientes, hablar en público ante audiencias diversas y en ocasiones, atender a medios de comunicación.
Son situaciones de tensión, que me ha costado años afrontar con naturalidad. Aún no las tengo del todo resueltas, y seguramente jamás llegaré a tener la sensación de absoluto control, pero de lo que no me cabe ninguna duda, es que la práctica del yoga ha constituido una excelente herramienta para afrontar estas situaciones con un alto grado de confianza en mí misma.

Quien sabe controlar su respiración, sabe controlar las emociones que siente y las que transmite.

 

2)    "Siéntete fuerte y flexible"

 

La práctica regular del yoga te tonifica y fortalece, a la vez que vuelve tus movimientos más ágiles y equilibrados. Así mismo, libera tu columna vertebral, evitándote dolores de espalda y cervicales. El yoga te lleva a lograr cosas con tu cuerpo que te hubieran parecido del todo imposibles antes de iniciarte.

Ese "romper los límites físicos" que hasta el momento creías tener, deja un registro muy valioso en tu celebro: eres capaz de superar barreras que creías infranqueables.

Esta superación de tus barreras físicas, pasa al plano mental en un segundo estadio, llevándote a superar barreras que sólo están en tu cabeza.

Poco a poco tomas consciencia de que puedes llegar más allá del territorio de confianza en el que te habías movido hasta el momento.

De este modo, la fortaleza física que obtienes, te lleva a la fortaleza y al control mentales, así como la flexibilidad física, te lleva a la flexibilidad y a la apertura mentales.

 

3)    "Concéntrate, focalízate"

 

Nuestra mente suele ir a mil por hora, por ella se cruzan infinidad de pensamientos, preocupaciones, deseos, anhelos, sentimientos, emociones...

Mantener nuestra mente en paz a veces puede parecer un ejercicio imposible.

 

Durante años padecí insomnio. Como me acostaba agotada por el ritmo frenético que había llevado durante el día, me dormía enseguida, pero me despertaba tras la primera fase de sueño, en cuanto había descansado un poco. Por mi cabeza se cruzaba un torrente de pensamientos, tales como acciones realizadas el día anterior, tareas a realizar durante el día siguiente, y un sinfín de cuestiones que se encadenaban unas con otras. No había nada grave ni torturante... simplemente, mi mente se sentía incapaz de frenar. Esta dinámica un día tras otro, te sume en un estado de profundo agotamiento y debilita tu sistema inmunitario.

 

Detener la infinidad de pensamientos que se agolpan en nuestra cabeza no es fácil, pero debemos poner todo nuestro empeño para recuperar la paz interior, pues es un estado imprescindible para tomar decisiones acertadas.

El yoga te enseña a controlar la respiración y a concentrarte en lo que estás haciendo en cada momento.

 

Una mente en calma y oxigenada tiene traslación en tus emociones, que también se vuelven más oxigenadas, más claras, más luminosas y hasta me atrevería a decir, más bondadosas.

El impacto del yoga en tus emociones es un proceso lento y gradual, pero asombrosamente notorio cuando llegas a este estadio.

 

Recapitulando, el yoga te ayuda a respirar mejor, lo que te lleva a conocerte en mayor profundidad. También te lleva a superar barreras físicas y mentales, a conocer mejor tus emociones y a ser más comprensivo con las emociones de las personas de tu entorno.

De algún modo, te dirige al camino de la consciencia plena, lo que te convierte mejor profesional, con más capacidad para comprender tu entorno y darte cuenta del estado anímico de las personas que te rodean. Todos estos cambios te sumen en un estado de bienestar superior.

 

¿Cuándo empiezas?

Te aseguro que a nuestro sector le vendría increíblemente de bien.

 

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