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Diario de información económica del sector inmobiliario

10 Agosto 2022F12.38h

C

Opinión

04 FEB 2022
F10.00h

El ahorro y la generación de patrimonio son necesarios para la seguridad financiera del individuo

Situaciones que pueden hundirte de por vida, como el cierre de tu empresa o un divorcio, pueden hacerse más llevaderas y superarse si no vivimos por encima de nuestras posibilidades y si tenemos un hábito de ahorro que nos dote de un fondo de seguridad. O, como dicen las abuelas, “un rinconcito”. Algunas de ellas vivieron la postguerra y adquirieron el hábito de “guardar para mañana”, pues en aquella época no existía ningún tipo de ayuda social. A nadie se le ocurría durante la dictadura franquista, ni después de la Guerra Civil, culpar al Estado de su situación económica y mucho menos exigirle que le solucionase la vida. La cultura del momento era el trabajo y el ahorro. Como mucho podían contar con la caridad cristiana si se portaban de acuerdo con sus preceptos.

 

Más tarde, durante las olas migratorias de los sesenta, esa filosofía ayudó a salir adelante y a prosperar a millones de familias, aunque para ello tuvieran que recurrir al pluriempleo, vivir en pisos compartidos con otras familias y administrar con celo sus escasos recursos. Sólo así consiguieron un progreso económico que permitió a sus hijos (entre los q ue me encuentro yo misma) estudiar, mejorar económicamente, acceder a la cultura y vivir sin penurias. En realidad, aunque muchos ya se han olvidado de sus orígenes e incluso reniegan de ellos, es lo mismo que les pasa ahora a los migrantes que vienen a nuestro país y que tratan de abrirse camino.

 

 

 

Tanto se han olvidado, que cuando han llegado crisis como la de 2008 o la más reciente de la Covid-19 les ha pillado desprevenidos. Creo que es el momento de retomar recetas del pasado que han funcionado (el ahorro, el trabajo y el esfuerzo) y mezclarlas con ingredientes actuales (la posibilidad de invertir con sentido común y de forma diversificada). Ahorrar y vivir según tus ingresos no es antiguo ni moderno, es simplemente sostenible, y estamos en la era de la sostenibilidad. Por tanto, la primera acción de un plan para hacer crecer tu patrimonio es sencilla: ahorra y ser sostenible económicamente hablando.

 

Vivimos en una era de dicotomías: tenemos a los jóvenes más formados de la historia y a la vez más decepcionados, porque se les educó con unas expectativas que no se cumplen. Sin embargo, tienen la suficiente preparación para que se cumplan.

 

La globalización nos permite trabajar, vivir e invertir en cualquier punto del globo terráqueo. La tecnología nos abre oportunidades desconocidas hasta ahora, como el teletrabajo que permite que la residencia habitual no se encuentre cerca del puesto de trabajo, lo que puede generar calidad de vida y un acceder a un mejor precio de alquiler o compra. O la tecnología blockchain que facilita convertir un archivo digital en un activo blindado a las modificaciones (NFT- Non Fungible Token), incorruptible, lo que cambiará a corto plazo la forma de transaccionar tanto de los bienes muebles como de los inmuebles. Además, garantizará las inversiones colectivas a nivel global (crowdfundig), generando oportunidades de inversión de forma segura (Smart contracts) y que nuestra economía pueda ser más participativa, evidentemente si Gobiernos y entidades financieras lo permiten.

 

 

Nuestros jóvenes son escépticos ante el futuro, están decepcionados con el presente, sienten vergüenza de su impotencia, son impacientes y tienen una gran falta de hábito en hacer que las cosas pasen.  Con todo el cariño, creo que la sociedad del bienestar transmitió mensajes erróneos, que se pueden enmendar con tres consejos básicos para conseguir sus aspiraciones: fijar el objetivo, planificar la hoja de ruta y diversificar las inversiones, de tal manera que exista un equilibrio entre liquidez, rentabilidad y seguridad.

 

Si bien la composición patrimonial de los jóvenes suele estar formada por un mayor importe en liquidez y por inversiones en rentabilidad, lo recomendable es que vayan creando un porcentaje superior de las inversiones en seguridad conforme se van cumpliendo años. En este sentido, la inversión inmobiliaria en viviendas o cualquier otro activo inmobiliario, que debe ajustarse a nuestra economía, es decir que no supere la cuota de más del 35% de nuestros ingresos, forma parte de lo que llamamos inversiones en seguridad, porque suelen ser estables y duraderas en el tiempo.

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