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Diario de información económica del sector inmobiliario

01 Febrero 2023F22.52h

C

Residencial

Por B. B.
25 Ene 2023
F04.56h

Eficiencia energética, todo por hacer: sólo alcanza una de cada veinte residencias en España

Sólo el 5% del parque de viviendas en España presentan una buena eficiencia energética. Su adecuación es fundamental para cumplir con los tratados de emergencia climática, aunque su puesta a punto genera ahorros y ganancias para inquilinos y propietarios.

Gesvalt, eficeincia energía vivienda

 

Deberes pendientes. La renovación del parque de viviendas en España para conseguir edificios energéticamente más eficientes y cumplir, de esta manera, los tratados internacionales de descarbonización de la economía tiene un largo recorrido por delante.

 

Poco más de un 1% de las viviendas del total del parque español cuentan con una calificación de consumo A o B, según los últimos datos del Ministerio para la Transición Ecológica. El porcentaje mejora algo si se incluye los edificios con una calificación de C y supera entonces el 5% del parque.

 

La gran mayoría del parque de viviendas, por tanto, cuenta con las peores etiquetas de eficiencia energética y deberá ser reformado en los próximos años. Las directivas europeas ya aprobadas recogen que en el año 2030 cualquier propietario con una casa de calificación G o F estará obligado a renovarla para alcanzar la calificación E, mientras que tres años después la letra de referencia será la D.

 

La etiqueta D se considera que genera un consumo eficientemente correcto. A partir de ahí, se produce un ahorro del 10% al 25% en las etiquetas C, entre el 25% y el 45% para la nota B y, finalmente, superior al 45% en el caso de la certificación A.

 

 

Aunque adaptar una vivienda para un consumo eficiente requiere de una inversión, su coste se recupera de forma relativamente rápida, sobre todo en zonas frías con un uso más regular de la calefacción. Actualmente, el coste de aislar una vivienda de unos 90 metros cuadrados con una etiqueta energética E se sitúa alrededor de los doce mil euros, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que calcula que el ahorro en climatización asciende a más de mil euros al año.

 

El problema no reside tanto en las nuevas edificaciones, sino en las antiguas, ya que a partir de 2016 el 95% de las viviendas construidas tienen una calificación igual o superior a C. “A cierre de 2022, el número de inversores que han incorporado la sostenibilidad a sus proyectos en España asciende al 78%, lo que nos sitúa por encima de la media europea, donde el 70% de los inversores aplican criterios ESG”, apuntan desde el grupo de valoraciones Gesvalt. “La previsión es que prácticamente la totalidad de las inversiones residenciales adopten estos criterios antes de 2027”, añaden desde la empresa.

 

Hasta la década de los ochenta, la normativa no obligaba a los promotores a instalar aislamiento térmico en las viviendas y, por lo tanto, una parte importante del parque (unas 9,7 millones de residencias, según los cálculos de la Secretaría General de Vivienda) no retienen buena parte de la calefacción o aire acondicionado.

 

A partir de entonces, la regulación comienzó a recomendar su uso, aunque la utilización de elementos aislantes es dispar y depende en buena medida de la calidad de las promociones. No fue hasta la aprobación del Código Técnico de la Edificación de 2006 cuando se extendió su obligación.

 

 

La sostenibilidad en el sector residencial se concentra mayoritariamente en la eficiencia energética, buscando ahorros en el uso de la calefacción, aire acondicionado y agua caliente sanitaria. El calor o el frío acumulado se escapa por puertas, ventanas, paredes mal selladas, fachadas, cajones de persianas, enchufes, tuberías… Todo un conjunto de elementos constructivos que presentan trasvase de calor o frío por la piel del edificio.

 

¿Cuánto se puede perder? Depende de la eficiencia de la vivienda, pero los expertos evalúan las pérdidas hasta el 80%. Todo un derroche de energía que no hace más que aumentar la factura y la utilización de combustibles fósiles para alcanzar la confortabilidad en los hogares.

 

No obstante, la sostenibilidad en una vivienda abarca muchos factores, aunque la eficiencia energética resulta por su impacto fundamental. Otros aspectos a tener en cuenta hacen referencia al uso de materiales de construcción sostenibles, como la piedra o el corcho, la instalación de placas solares para la generación de energía o el uso de electrodomésticos y bombillas de bajo consumo.

 

Una vivienda energéticamente responsable y sostenible no sólo ayuda a cumplir los tratados de descarbonización contra la emergencia climática, también tiene un impacto directo en los bolsillos de sus propietarios. El coste de adaptarla o adquirirla se sitúa por debajo de los ahorros que genera, además de presentar una valoración de mercado superior a otros activos no adaptados a la nueva sostenibilidad inmobiliaria.

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