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Escollos y promesas de la madera, el viejo nuevo material del ‘real estate’

La futura legislación europea, junto al incremento de los precios de los materiales tradicionales, presenta una oportunidad perfecta para el uso de la madera en la edificación, que se enfrenta a la desconfianza y altos costes.

Escollos y promesas de la madera, el viejo nuevo material del ‘real estate’
Escollos y promesas de la madera, el viejo nuevo material del ‘real estate’
En la última década, con la necesidad de descarbonizar la construcción, la popularización del sistema CLT (Cross Laminated Timber) y el auge de costes de los materiales y la energía, la madera ha vuelto a situarse como un material de primera orden.

Marta Tamayo

12 mar 2024 - 05:00

Los decimonónicos edificios de Madrid, la biblioteca Gabriel García Márquez de Barcelona (la mejor del mundo) o una promoción de 65 viviendas sociales en Hondarribia. Las tres promociones son ejemplo de una práctica que ha acompañado a las urbes españolas durante gran parte de su historia, pero lleva un par de siglos en el olvido: la construcción en madera. Hormigón, acero y cemento han dominado la construcción española. Sin embargo, el alto coste de la construcción, la falta mano de obra y la cada vez más exigente legislación europea están dando una nueva oportunidad a la madera en el sector inmobiliario, que abre la puerta a su particular back to basics.

 

Uno de los últimos signos ha sido la puesta en marcha de Lignum Tech Forest, una compañía de gestión forestar fundada por Juan Antonio Gómez Pintado y que se integra en el entramado de construcción industrializada que ha impulsado el presidente de Vía Ágora. Además de contar con sus propias fábricas para la construcción industrializada de edificios, la compañía se ha lanzado al monte y gestionará ella misma la materia prima, los árboles.

 

“En España, dos tercios de la superficie es superficie forestal”, explica Sandra Llorente, directora general de Lignum Tech Forest, señalando el gran potencial con el que cuenta España en lo que describe como “nueva época de la madera”. La compañía de Vía Ágora ha planteado una inversión inicial de 3,5 millones de euros con la que prevén introducirse en la gestión forestal.

 

“Estamos abiertos a todo tipo de colaboración”, aclara Llorente, indicando que existen fórmulas como “una licitación para un aprovechamiento o la gestión integral para los próximos diez años”. La compañía se coloca en primera fila para entrar en un negocio “fragmentado y en manos de pequeños propietarios, con aserraderos pequeños y especializados en artículos como palés o envoltorios”.

 

 

Por ahora, el uso de la madera en España se mantiene como minoritario y apenas representa un 1% de la edificación, una práctica estrechamente ligada a la construcción industrializada, que copa también un 1% de las promociones. Uniéndose con esta práctica, el uso de la madera consigue operar a un coste más competitivo frente a la obra convencional, que ha registrado un gran incremento de precios en el último por la subida de precio de los materiales.

Sin embargo, los costes de materiales de construcción en madera maciza industrializada resultan más costosa si no se tiene en cuenta todo el ciclo de vida del edificio y su huella de carbono.

 

Los montes españoles son en un 72% propiedad privada, con un 28% de titularidad pública, en manos mayoritariamente de entidades locales, en segundo lugar, de las comunidades autónomas y de forma más residual el Estado. De todos los montes españoles, un 65% son arbolados, con el pino como rey del monte español, también con el hueco de especies frondosas como encinas, robles o eucaliptos.

 

Del conjunto de arboleda (la tercera mayor de Europa) un 22% está ordenada, es decir, con una gestión forestal activa, lo que supone seis millones de hectáreas, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. “Contamos con un gran potencial de crecimiento”, subraya Llorente.

 

Desde 1990, la producción anual de madera en España ha oscilado entre trece millones de metros cúbicos y veinte millones de metros cúbicos, con Galicia a la cabeza. La comunidad más al oeste del país tala más de la mitad del volumen de madera en rollo de toda España, seguida de País Vasco y Castilla-León, con algo más de dos millones cada una.  Para que esta madera que crece en los montes españoles llegue a la fábrica, se requieren dos tipos, dos fases de industrialización: la primera se centra en procesar el tronco para obtener madera serrada, mientras que la segunda se procesa el material obtenido de la primera en productos elaborados.

 

“En los últimos diez años ha irrumpido la madera maciza para uso estructural”, afirma el último informe publicado por Mass Madera, una red creada para el impulso de la madera liderada por el Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña (Iaac). El documento refleja que la industria de la madera en España se ha caracterizado por un grado de desarrollo tecnológico menor al de Centroeuropa, ya que se usaba para productos que requerían poca calidad de tronco, como el papel.

 

En la última década, con la necesidad de descarbonizar la construcción, la popularización del sistema CLT (Cross Laminated Timber) y el auge de costes de los materiales y la energía, la madera ha vuelto a situarse como un material de primera orden para la construcción.

 

El propio informe señala que, en 2023, la capacidad de producción instalada en España de este tipo de productos, principalmente CLT y madera laminada encolada, supera los 60.000 metros cúbicos al año por turno. Algunas de las empresas que llevan la delantera en España son la gallega Xilanor y la vasca Egoin. “En España partimos de una gestión forestal muy tradicional y necesitaremos apoyo de la Administración para darle la vuelta y aprovechar el material”, asegura Laura Montilla socia fundadora de Bauwood, una oficina técnica especializada en el desarrollo de proyectos de construcción especializada que comercializa en la zona centro.

 

Desde la industria, reclaman políticas que ayuden a impulsar la industria en España. Desde Mass Madera apuntan que las reclamaciones giran sobre la flexibilización de las restricciones, más financiación para la investigación y el desarrollo, una mayor certificación del rendimiento medioambiental y el desarrollo de campañas de información para el público final.

“Además del escollo administrativo está el tema popular, falta mucha información sobre los beneficios que aporta”, añade Montilla. Mientras que en el norte y centro de Europa el uso de la madera es arraigado y se han hecho campañas de comercialización, en España la construcción se ha centrado en el uso de la piedra y el hormigón y no está tan extendido entre la población.

 

En Bruselas se está fraguando la nueva legislación que promete colocar una alfombra roja al uso de la madera. El material cuenta con una huella de carbono negativa, es decir, que la fabricación del producto almacena más carbono del que emite, por lo que puede rebajar las emisiones del real estate europeo, responsable de un 36% de los gases de efecto invernadero del continente.

 

El próximo jueves se vota en el Parlamento Europeo la revisión de la directiva sobre eficiencia energética de los edificios, acordada en el Consejo el pasado diciembre. La eurocámara tendrá que votar sobre si los nuevos edificios deberán ser de “emisiones cero” a partir de 2030, dos años antes en el caso de edificios nuevos ocupados por organismos públicos.

Para los edificios de viviendas, los Estados miembro tendrán que aprobar medidas para garantizar una reducción del consumo primario medio de energía de al menos el 16% para 2030 y de entre el 20% y el 22% para 2035.

 

De aprobarse, las autoridades nacionales también tendrán que actuar para decarbonizar los sistemas de calefacción y eliminar gradualmente el uso de combustibles fósiles para calefacción y refrigeración hasta su completa desaparición en 2040.