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25 Septiembre 2021F20.23h

C

Mercado

Por Marta Tamayo
01 Feb 2021
F04.52h
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Usos ‘flex’, rehabilitación y reconectar el territorio: las claves del triunfo del urbanismo vasco

Las Directrices de Ordenación del Territorio del Gobierno vasco apuestan por la regeneración de los edificios usando el espacio ya construido y en busca de una movilidad más eficaz y sostenible.

Usos ‘flex’, rehabilitación y reconectar el territorio: las claves del triunfo del urbanismo vasco

 

 

El urbanismo vasco triunfa con su nueva hoja de ruta. Cuando Íñigo Urkullu pronunció su discurso de investidura tras ser reelegido el pasado 12 de julio dejó unos segundos para hablar de urbanismo. En concreto, el lehendakari vasco nombró la ciudad de los quince minutos, el modelo que ha hecho fortuna gracias a la alcaldesa de París. El urbanismo vasco se ha apuntado ahora su propio tanto yendo más allá que el modelo de Carlos Moreno. El pasado martes, el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (Cscae) le otorgó el premio de Urbanismo 2020 a las Directrices de Ordenación Territorial del País Vasco, junto al complejo turístico de Albeida, en A Coruña.

 

El proyecto fue galardonado por contar con valores arquitectónicos de sostenibilidad y optimización de recursos, y aspirar al reequilibrio entre el hábitat urbano y natural. Con ello, las directrices se adhieren a los objetivos de la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas, que busca alcanzar la doble excelencia en bienestar y confort de las personas y calidad del entorno construido.

 

“Este documento son directrices, no planes de desarrollo, así que, aunque sea un buen plan sobre el que trabajar, falta materializar los proyectos y que se lleven a cabo de forma correcta”, sostiene Patxi Chocarro, decano del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro.

 

 

 

 

En las DOT, el ejecutivo vasco dibuja las líneas maestras para el desarrollo urbanístico del suelo de la comunidad y el Consejo lo ha calificado como innovador y un ejemplo de urbanismo responsable. El documento, publicado en 2020 por el ejecutivo, es la actualización de las directrices originales que se aprobaron en 1997 y que ya fueron renovadas en 2012, tras un reestudio.

 

Los objetivos principales de este documento pasan por una mejor comunicación e integración del territorio para paliar la “fragmentación territorial” y el control del crecimiento del suelo industrial y residencial en detrimento de los espacios verdes. “La expansión producida en años anteriores lleva a pensar en la necesidad de proponer medidas para aprovechar mejor lo ya ocupado y frenar la expansión”, sostienen desde el Departamento de Planificación Territorial, Vivienda y Transportes del ejecutivo vasco.

 

Según el Consejo, esta reforma dibuja “una ciudad densa, compleja y cohesionada, capaz de satisfacer la demanda de vivienda, actividad económica y dotaciones o resolver los desequilibrios existentes sin necesidad de ocupar nuevos suelos”.

 

 

 

 

Una de las novedades que presenta el documento son los usos transitorios. Acogiéndose a esta nueva regulación, los propietarios pueden cambiar el uso de un activo sin modificarlo en su totalidad de forma transitoria para poder aprovechar el espacio. “Ante la crisis provocada por el Covid-19, es una medida que se podrá aplicar por ejemplo en locales comerciales que se queden vacíos”, apunta Íñigo Maguregui, abogado urbanista y asesor de políticas urbanas vinculado a la administración vasca hasta 2011.

 

Para afrontar el crecimiento de las ciudades, en las directrices, además de señalizar un límite en el número de pisos que se pueden construir como hacía las anteriores directrices, el ejecutivo ha retirado el mínimo de viviendas que se deberían reconstruir y ha integrado en el cálculo de nuevas viviendas necesarias la rehabilitación.

 

“Estas políticas cobrarán mucha importancia a través de los fondos europeos de Next Generation”, apunta Maguregui. Bajo la nueva legislación, los distintos municipios tendrán que priorizar la rehabilitación por encima de la obra nueva.

 

 

 

 

En torno a la regeneración urbana, el documento pone el foco en los espacios postindustriales de la comunidad. Las medidas impulsan su recuperación, pero no en cualquier uso. “Con el nuevo documento no se dejará sustituir las zonas industriales por viviendas, sino que tendrán que seguir desarrollando una actividad económica”, explica Maguregui.

 

Otro de los puntos clave de la reforma es la delimitación del crecimiento de las ciudades. Las directrices dibujan un campo de anillas en torno a los municipios donde el crecimiento no se dibuja con un círculo perfecto, sino que las curvas se ondulan en relación al territorio. “En antiguos planes se fijaban los kilómetros que podían crecer los municipios, pero ahora se especifica dónde”, apunta el abogado.

 

El objetivo es que no haga falta la ocupación de otros terrenos, sino centrarse en los que ya están urbanizados y regenerar el parque urbanizado”, sostiene el Chocarro. “Este movimiento tiene que ir acompañado a través de la construcción con buenos materiales y bien realizada para crear edificios eficientes energéticamente y resilientes.

 

Las directrices también se ocupan de los espacios verdes aumentando la cantidad de cualificaciones de zonas protegidas. La comunidad se propone crear un corredor ecológico de espacios naturales evitando la generación de “islas” con ecosistemas poco sanos y con degradación en los bordes por el contacto exterior. Además, el documento apuesta por fomentar la biodiversidad urbana como elemento de calidad de vida y mejora de la salud de la población.

 

 

 

 

Una de las mayores apuestas de las directrices es la de la movilidad, tanto dentro de la propia ciudad como entre ellas y teniendo en cuenta el tejido rural. Para ello, los objetivos del plan son reducir las necesidades de movilidad mediante una relación más adecuada entre espacios de residencia, trabajo, ocio y equipamientos.

 

Con ello, la comunidad busca recomponer la fragmentación territorial y dotar de buenos espacios los entornos rurales. “Debemos conseguir una buena red de transportes y acercar equipamiento que los núcleos rurales cuenten con las mismas facilidades que las ciudades”, añade el decano.

 

Las DOT también apuestan por promover la movilidad no motorizada, peatonal y ciclista, y el transporte público como la principal forma de movilidad urbana. Para ello, el ejecutivo emplaza a los municipios a lograr una densidad adecuada que facilite el papel del transporte público.

 

Además, las directrices abordan a través de las medidas otras cuestiones transversales como la accesibilidad universal de los edificios, la perspectiva de género en el espacio construido, el impacto del cambio climático, la salud y el uso del euskera.  

 

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