Opinión

Cuando el ‘flex living’ se aleja de su propósito

Cuando el ‘flex living’ se aleja de su propósito

Daniel Hermoso Marqués

18 nov 2025

El flex living nació para cubrir una necesidad concreta: ofrecer vivienda temporal a personas que se desplazan a una ciudad por trabajo, formación o cambios vitales. Apartamentos listos para vivir, bien ubicados y con servicios que facilitan la estancia. Una solución para quienes necesitan quedarse unos meses, no unos días, pero tampoco de forma permanente. Es un modelo que se sitúa entre el alquiler tradicional y el alojamiento turístico, y que tiene sentido cuando responde a esa realidad.

 

En ciudades como Londres, Berlín o Ámsterdam, el flex living se ha desarrollado en zonas con mucha llegada de profesionales y estudiantes que necesitan alojamiento por meses. Allí, la demanda temporal es real y constante, y el modelo funciona porque responde a personas que viven en la ciudad durante un tiempo limitado por motivos concretos. No es el edificio lo que define el flex living, sino el uso y el perfil de quien lo habita.

 

En España, sin embargo, el término se está utilizando en ocasiones con un enfoque distinto. En lugar de partir de la demanda real generada por la movilidad laboral o los desplazamientos temporales, el flex living se está convirtiendo en algunos casos en un argumento para promover proyectos residenciales en suelo terciario. Es decir, el concepto deja de describir un uso y pasa a funcionar como una justificación urbanística.

 

 

 

 

Lo relevante no es la flexibilidad del contrato, sino si realmente existe un perfil de usuario que necesite vivir temporalmente en ese lugar. No se trata de ofrecer estancias por meses porque es posible hacerlo, sino porque hay personas que lo requieren. En última instancia, lo que define el flex living no es el formato, sino la realidad de su utilización. El flex living tiene sentido cuando responde a situaciones de transición: desplazamientos laborales por meses, llegada a una ciudad antes de encontrar una vivienda definitiva, proyectos profesionales acotados o cambios vitales que requieren flexibilidad.

 

La clave no está en el edificio ni en los servicios añadidos: está en el tipo de vida que ese edificio permite. Si un entorno no atrae a personas que se instalan por trabajo, estudios o proyectos durante un tiempo limitado, el flex living se convierte, en la práctica, en vivienda convencional con otro nombre. El caso de Valdebebas es un ejemplo claro. Actualmente se están desarrollando allí más de una decena de proyectos que se presentan como flex living, con unas 4.000 unidades en total. Sin embargo, Valdebebas se ha consolidado como un entorno residencial estable, pensado para familias y permanencia, y alejado de los núcleos donde se produce la mayor parte de la movilidad profesional en la ciudad.

 

Resulta difícil sostener que exista una demanda orgánica de alojamiento temporal a esa escala. Lo que parece estar ocurriendo es que se está utilizando el concepto flex living para dar salida residencial a suelo terciario. Este uso diluye el sentido del modelo. Si el término se emplea para designar productos que no responden a una necesidad temporal real, se vacía de significado. Si, además, se percibe como una vía para sortear el planeamiento urbano, pierde legitimidad tanto ante el mercado como ante la administración. Y si el concepto se confunde con vivienda convencional, deja de tener la capacidad de consolidarse como categoría propia.

 

El flex living puede aportar valor a las ciudades. Puede facilitar transiciones, acompañar proyectos profesionales, atraer talento, ofrecer estabilidad temporal y mejorar la experiencia de quienes viven entre etapas. Pero para que eso ocurra, debe aplicarse donde realmente existe esa demanda. No se trata de frenar nuevos modelos habitacionales, sino de alinearlos con su propósito. De construir no solo edificios, sino soluciones que respondan a cómo vivimos hoy.

 

El flex living no es una etiqueta comercial ni una moda. Es una forma de entender la vivienda en una sociedad más móvil. Pero su sentido se sostiene únicamente cuando el producto, la ubicación y el perfil del usuario coinciden. Si queremos que el modelo tenga recorrido, lo primero es volver a su origen: ofrecer vivienda temporal a quienes realmente la necesitan.

Daniel Hermoso Marqués

Daniel Hermoso Marqués

Daniel Hermoso Marqués, director ejecutivo y cofundador de Homeclub y Home Select, compañías especializadas en real estate premium y modelos residenciales flexibles. Con experiencia en expansión internacional y gestión de activos residenciales, en su compañía impulsa el desarrollo de nuevos formatos de alojamiento urbano orientados a profesionales, empresas y nuevas formas de habitar. Daniel está especializado en la innovación en vivienda, la calidad del producto y la integración entre diseño, servicio y funcionalidad.