11 nov 2025
Estamos siendo testigos del momento de redefinición industrial que vive Europa. Tras décadas de deslocalización y dependencia exterior, el continente está impulsando una reindustrialización estratégica con el objetivo de fortalecer su autonomía productiva y tecnológica. La combinación de tensiones geopolíticas, disrupciones en las cadenas de suministro y la urgencia de la transición energética ha puesto de relieve la necesidad de recuperar capacidad manufacturera propia y garantizar la seguridad de abastecimiento en sectores clave.
Esta transformación no responde tanto a una cuestión económica como a una apuesta política por reforzar la soberanía industrial de Europa. Defensa, energía limpia, materiales críticos y life sciences emergen como los cuatro sectores que no solo marcarán el pulso económico de la próxima década, sino que transformarán el mapa inmobiliario industrial y logístico europeo.
La guerra en Ucrania y el nuevo marco geopolítico han actuado como catalizadores de un incremento sin precedentes del gasto público en defensa. Por primera vez, en 2025 todos los Estados miembros de la Otan cumplirán el objetivo del 2% del PIB, y los compromisos fijados en la cumbre de La Haya apuntan a alcanzar el 5% en 2035. Este esfuerzo inversor está impulsando la creación y ampliación de instalaciones industriales en toda Europa. Más de la mitad de los nuevos desarrollos corresponden a ampliaciones de fábricas existentes, un 16% a reconversiones y un 26% a nuevas construcciones.
Más de la mitad de los nuevos desarrollos corresponden a ampliaciones de fábricas existentes, un 16% a reconversiones y un 26% a nuevas construcciones.
Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y España concentran los principales polos de producción, mientras que Polonia y Rumanía emergen como enclaves estratégicos en el flanco oriental. El segundo gran vector de cambio es la energía limpia. El Net-Zero Industry Act europeo ha puesto en marcha un movimiento acelerado de inversión en energías solar, eólica y nuclear modular.
Alemania lidera la capacidad industrial, seguida de Dinamarca, Francia y España, con la Península Ibérica destacando por su papel en la fabricación de componentes eólicos y la posición del puerto de Bilbao como punto logístico clave. Este auge exige inmuebles altamente especializados, con infraestructuras adaptadas a procesos industriales complejos y ubicaciones próximas a redes de transporte y polos de conocimiento.
La transición energética y digital depende, además, de un suministro estable de materiales como litio, níquel o tierras raras. La Critical Raw Materials Act busca precisamente reducir la dependencia exterior, promoviendo plantas de extracción, refinado y reciclaje dentro de la Unión Europea. España juega aquí un papel decisivo, al albergar gigafactorías y centros de reciclaje vinculados a la automoción eléctrica y al almacenamiento energético.
Estas inversiones requieren espacios industriales de nueva generación, con alto componente tecnológico y gran capacidad energética. El sector life sciences mantiene una demanda sólida, especialmente en producción farmacéutica y logística especializada. En este terreno, Barcelona y Madrid se consolidan como referentes europeos.
La conjunción de sostenibilidad, autonomía estratégica y reindustrialización abre un nuevo ciclo de oportunidades para el mercado inmobiliario industrial y logístico
En concreto, Barcelona con el BioCat como ecosistema de producción a gran escala, mientras que Madrid destaca con un hub centrado en I+D y producción especializada. Ambas ciudades ofrecen un equilibrio óptimo entre talento científico, infraestructuras y conectividad, elementos clave para atraer inversión en un sector altamente regulado y competitivo.
La conjunción de sostenibilidad, autonomía estratégica y reindustrialización abre un nuevo ciclo de oportunidades para el mercado inmobiliario industrial y logístico. España reúne ventajas diferenciales, como la disponibilidad de suelo, capacidad de generación energética renovable, posición geoestratégica y una base industrial diversa.
Su red portuaria, el sistema logístico intermodal y la creciente atracción de capital extranjero la sitúan como una plataforma de producción y distribución privilegiada en Europa. De hecho, ya se está empezando a percibir este crecimiento del sector y se espera cerrar el año superando la cifra de inversión de 2024.
El desafío será articular una política industrial y urbanística que acompañe esta transformación, garantizando suelo disponible, tramitaciones ágiles y formación especializada. Europa está redefiniendo su mapa industrial, y España tiene ante sí la oportunidad de situarse en el centro de esa nueva geografía del valor añadido.
Reno Cardiff
Reno Cardiff es socio internacional y director del departamento de capital markets en Cushman and Wakefield España, responsable de las transacciones de adquisición, venta y desarrollo de inmuebles de inversión en todos los sectores. A su vez, Reno es responsable de la vertical de Industrial y Logística en España.
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