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La crisis del Covid-19 ya no es global: perdedores y ganadores tras dos años de pandemia

Mientras las economías más avanzadas se enfrentarán a problemas momentáneos como la inflación, los cuellos de botella y el colapso del mercado de trabajo, las emergentes tienen cicatrices más profundas, según Moody’s.

M. Tamayo

23 feb 2022 - 04:56

La crisis del Covid-19 ya no es global: perdedores y ganadores tras dos años de pandemia

 

 

La pandemia deja ganadores y perdedores entre las economías mundiales. Tras un 2020 marcado por las cuarentenas y el aislamiento y un 2021 donde se abrazó la reapertura, 2022 será el año de desigualdad: mientras que las economías más avanzadas tendrán que capear problemas momentáneos, los países en desarrollo cuentan con previsiones menos estables y salen de la pandemia con cicatrices más profundas, según el último informe, Credit Trends Spain, realizado por Moody’s.

 

Las economías desarrolladas, con un mayor índice de vacunación, tienen mejores perspectivas de desarrollo, aunque, al igual que la mayoría del globo, se han visto afectadas en tres grandes áreas: la cadena de suministro, el mercado de trabajo y la inflación. “Los dos primeros no matarán la recuperación, son baches en el camino”, señala Colin Ellis, chief credit officer de Moody’s para Europa, Oriente Próximo y África (Emea). “Sin embargo, la inflación puede ser más persistente, pero esperamos que, finalmente, sea temporal y que los bancos centrales estarán tranquilos”, añade el directivo.

 

Por el contrario, en los mercados emergentes las perspectivas no son tan estables y los bancos centrales pueden endurecer sus políticas con mayor velocidad y ser más agresivos, algo que ya han realizado los organismos de Brasil, Rusia, Sudáfrica y México, entre otros. Aunque no es uniforme en todo el bloque: China ha recortado los tipos de interés.

 

Otra resaca pandémica que afronta la economía global en 2022 es la del aumento de deuda pública. Aunque se trata de un problema común, serán los países con economías más débiles los que pueden ver amenazadas sus vías de financiación. “Los sufrirán economías menores como Egipto y Baréin y otras del G20 como Brasil e Indonesia”, apuntan desde la agencia, qué también señala que el endeudamiento de los estados abre la puerta a un nuevo ciclo con tipos bajos estructurales para poder sostener el pasivo.

La agencia estima que la economía global crecerá un 4,3% en 2022 aupado por el alza del 4,8% de los emergentes, mientras que los países desarrollados expandirán su economía un 3,6%. Por regiones, América estará marcada por la lucha contra la inflación en Estados Unidos, mientras que en Asia-Pacífico la crisis del mercado inmobiliario en China puede desembocar en turbulencias económicas más amplias en otras pequeñas economías de la zona.

 

En Europa, no se esperan políticas tan duras como las que prepara la Reserva Federal para frenar la inflación. “Estados Unidos aprobó un paquete de estímulos fiscales brutales y ya ha llegado a estados prepandemia, pero el área del euro va un año y medio por detrás”, sostiene Rubén Segura-Cayuela, responsable del área europea de investigación económica de Bank of America Merrill Lynch Global Research. El país norteamericano cuenta con una demanda agregada superior a la anterior a la pandemia y está exportando inflación a otros mercados como el europeo.

 

El economista advierte que hay que evitar retirar el paquete de estímulos demasiado rápido en Europa y en ninguna circunstancia repetir una estrategia de ajustes como la que se vivió en 2010, con la Gran Recesión. “El ciudadano medio europeo, en diez años, ha pasado una crisis financiera, una crisis humanitaria, un aumento total de la desigualdad, una crisis soberana”, sostiene Segura-Cayuela. “El capital político para hacer un ajuste como el que se hizo en la década de los 2010 es prácticamente nulo”, añade.

 

En cuanto al mercado español, el economista afirma que la tímida política fiscal ha retrasado la recuperación. A largo plazo, la agencia pone el interrogante si los gobiernos mantendrán el rol más dominante que han desarrollado en la pandemia y señalan que la desigualdad continuará impulsando las fuerzas políticas y sociales.