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Diario de información económica del sector inmobiliario

27 May 201916:05

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2018, el año en que la banca dijo (casi) adiós a su ladrillo

El fondo estadounidense Cerberus ha sido el gran comprador de activo tóxico en España con acuerdos con Santander, BBVA y Sabadell. Además, el banco de la familia Oliu ha traspasado su inmobiliaria Solvia a la gestora nórdica Intrum.
25 Dic 2018 — 05:00
J. Izquierdo
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2018, el año en que la banca dijo (casi) adiós a su ladrillo

 

 

Si 2017 fue el año en que los fondos entraron al banco a por ladrillo, 2018 bajará la persiana con los bancos diciendo adiós a su losa inmobiliaria. Desde Santander, BBVA y Caixabank hasta las regionales Ibercaja o Kutxabank, pasando por el Sabadell y Bankia: la mayor parte de las entidades financieras españolas han acelerado durante este ejercicio la venta de la mayor parte de sus carteras inmobiliarias.

 

En el último año y medio, los bancos españoles vendieron ladrillo por valor de 82.000 millones de euros. En préstamos morosos, el importe ascendió a 78.000 euros, mientras que el resto correspondió a pisos, terrenos y locales por impagos.

 

El cierre de las grandes operaciones sobre ladrillo tóxico se hizo esperar, pero a partir del verano, comenzaron a caer una detrás de otra como una baraja de naipes. La primera de ellas fue la cartera de 7.000 millones en activos inmobiliarios que traspasó CaixaBank al fondo estadounidense Lone Star. Esta operación se selló con la creación de una joint venture entre ambas compañías, en la que el fondo controla el 80% y el banco, el 20% restante.

 

 

 

 

El también grupo norteamericano Cerberus siguió su estela en julio con la adquisición de 9.100 millones en ladrillo de Banco Sabadell. Pasado el verano, el fondo repitió inversión en la banca española con la compra de 35.000 pisos del Santander por 1.353 millones de euros y cuyo valor asciende a 5.000 millones de euros.

 

Hubo que esperar hasta octubre para que se firmara la mayor operación de ladrillo del banco de 2018. Cerberus cerró un año de gran apetito inversor en el mercado inmobiliario español con la compra del 80% del ladrillo del BBVA, valorado en 13.000 millones de euros. Esta operación es la segunda más grande que se cierra sobre activos tóxicos en el país, tras la firmada por Blackstone y Santander en 2017 y que supuso el traspaso de 30.000 millones en activos heredados por el banco de la familia Botín desde el Popular.

 

En esta operación con BBVA, Cerberus se hizo con parte de la infraestructura de Anida, el servicer del banco español, incluyendo parte de su plantilla. Además, como el fondo cuenta ya con su propio gestor inmobiliario (Haya Real Estate), el grupo estadounidense acordó con la entidad prestarle servicios de servicing de los activos que conserve tras la compraventa.

 

 

 

 

Además de los cuatro grandes, otros bancos españoles han aprovechado 2018 para deshacerse del lastre inmobiliario heredado por la última crisis financiera. A pocos días para el cierre del año, la nacionalizada Bankia vendió una cartera de 3.070 millones de euros a Lone Star. El fondo norteamericano finalizó con esta compra un tour por los bancos nacionales durante el que pescó 700 millones en ladrillo de CaixaBank en junio.

 

Las financieras regionales Kutxabank e Ibercaja son otras entidades que hicieron negocios con los fondos internacionales en diciembre. El banco vasco traspasó una cartera de activos tóxicos valorada en 700 millones de euros a Bain Capital, propietaria en España de la promotora Habitat. Por su parte, la financiera aragonesa acordó con Intrum la venta de 600 millones de euros en ladrillo.

 

 

Sabadell encontró comprador para Solvia
Aunque no estuvo muy presente en el sector inmobiliario durante la mayor parte de 2018, Intrum cerró el ejercicio como protagonista en el sector. Además de comprar ladrillo de Ibercaja, el fondo nórdico cerró una de las operaciones más importantes del año: la compra de Solvia.

 

Intrum adquirió el 80% del servicer del Sabadell a mediados de diciembre por una cantidad superior a 300 millones de euros. Esta operación le generó al banco catalán una plusvalía de 138 millones de euros. El fondo cederá los activos a su filial Lindorff, que ganó en la puja por Solvia a otros grandes players como Cerberus y el británico Centricus.

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