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Diario de información económica del sector inmobiliario

05 Octubre 2022F19.45h

C

Opinión

25 MAR 2018
F19.00h

Miedo, dolor y finalmente, hartazgo

Los profesionales que nos dedicamos a atraer inversiones a Catalunya hemos vivido un auténtico calvario estos últimos meses. No sólo por la incertidumbre política, que obviamente ha dificultado enormemente nuestra actividad, si no también por las malas previsiones económicas del Banco de España, la Autoridad Fiscal, el FMI, la OCDE y el propio gobierno español. 


Los que trabajamos en Catalunya hemos tenido que soportar, cada mañana durante meses, titulares periodísticos alertando una y otra vez sobre los graves riesgos que planean sobre la economía catalana y las terribles consecuencias que estaremos obligados a soportar. He sentido miedo, dolor y finalmente, un rotundo hartazgo. 


Se han vertido infinidad de artículos de opinión que han contribuido a dinamitar la confianza en la economía catalana. No me estoy refiriendo a piezas de índole política, un terreno en el que todo cabe y en el que en muchas ocasiones rigen las emociones. Estoy hablando de artículos sobre el devenir de la economía, que deberían estar siempre basados en datos objetivos. 


La negatividad y dureza con la que se ha opinado sobre la actividad empresarial catalana ha constituido una enorme irresponsabilidad, porque la economía es un estado de espíritu y es reprobable mostrarse tan contundente sin datos en la mano.

 

Hay innumerables casos que causan bochorno, quizá el más reciente haya sido el del indisimulado regocijo con la que se afirmaba la posible pérdida del Mobile World Congress. Especialmente significativo, el caso de los medios que dedicaron titulares a advertir del riesgo de pérdida, pero obviaron celebrar en sus cabeceras que el Congress mantenía su confianza en Barcelona, tras las sonoras declaraciones de la GSMA y de los principales operadores de telefonía móvil, incluída Telefónica. 

Los profesionales que hemos aguantado estoicamente esta situación hemos tenido que redoblar esfuerzos y dedicar innumerables horas de trabajo adicionales para tratar de restablecer la confianza en la economía y el tejido empresarial catalán.


Ya estamos en Marzo, y por fortuna tenemos los datos objetivos que avalan la buena marcha de nuestra economía: en 2017 el PIB de Catalunya creció un robusto 3,3% por encima de la media española, situada en el 3,1%. 


Pero no son sólo las cifras del PIB, también contamos con infinidad de datos, todos ellos positivos y en muchas ocasiones, deslumbrantes. Algunos ejemplos: exportaciones en cifras récord a nivel histórico, tráfico de contenedores disparado en el Puerto de Barcelona, número récord de pasajeros en el aeropuerto de El Prat y un satisfactorio porcentaje de ocupación en Catalunya.   


Es obvio que la situación de incertidumbre política no ayuda a fortalecer nuestra economía, pero es justo reconocer que estamos creciendo porque el sector industrial catalán es competitivo, moderno y está logrando proyectarse al mundo con gran éxito, mejorando sus cifras de ventas al exterior año tras año. 


Actualmente la economía catalana está registrando unos síntomas mucho mejores que durante el último trimestre de 2017, por lo que la lógica indica que las previsiones deberían apuntar un buen comprotamiento del PIB en Catalunya para 2018. La lógica lo indica, sí, pero la realidad es otra... A pesar de las evidencias que acabo de relatar, los mismos analistas agoreros siguen preveyendo para Catalunya una ralentización en los próximos trimestres. 


Basta, por favor, un poco de respeto a los profesionales que nos dejamos la piel cada día para contribuir al PIB. La economía catalana ha aguantado el embate de esta asfixiante situación con algo que no se verá alterado: la voluntad de prosperar, el hábito de trabajar duramente y unas ganas irrefrenables de salir adelante, pese a todo y a todos.  


No quisiera pensar que en ciertos sectores existe el deseo de que el PIB se hunda en Catalunya. Sería tristísimo y éticamente reprobable. Pero a nivel práctico, alcanzaría un nivel de estulticia supino, pues parecería que algunos “analistas” no se dan cuenta de que la confianza en la economía española está íntimamente vinculada a la catalana, como gran motor económico que es. Y que las reputaciones española y catalana están cruzadas y enlazadas. 

No nos peguemos tiros al pie, por favor. Queremos trabajar en paz. 

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