Segunda residencia, futuro incierto…
28 ago 2018

La segunda residencia ha sufrido un cambio radical desde la incorporación total de la mujer en el mercado laboral. Antiguamente los niños pasaban tres meses en el sitio de veraneo con su madre mientras el padre ‘estaba de rodríguez’ en la ciudad, trabajando hasta que en agosto volvía a reunirse toda la familia.
Esta rutina hacía que la segunda residencia fuera considerada realmente así, ya que durante una cuarta parte del año se alojaba en ella la mayoría de la familia. En esa época (hace treinta años) era racional tener alojamiento de veraneo en propiedad, dado que se amortizaba desde mediados de junio a mediados de septiembre, sin contar fines de semana, puentes y Semana Santa. Los niños hacían cabañas y se producía arraigo en las poblaciones veraniegas; Verano azul en todo su esplendor.
Ahora todo es muy distinto. Las familias con más suerte consiguen salir de la ciudad durante tres semanas. Los niños pasan la mayor parte de sus vacaciones en campus de verano y, muchas veces, la segunda residencia se ha dejado de lado para hacer viajes con la familia. Así pues, de los tres meses que las segundas residencias permanecían llenas, ahora nos hemos quedado en tres semanas, en el mejor de los casos. El motivo de tener segunda vivienda en propiedad ha desaparecido. No es fácil plantear racionalmente la compra de un inmueble que será utilizado sólo entre dos y cinco semanas al año, teniendo en cuenta que sólo los gastos de comunidad, IBI, suministros y pequeños mantenimientos ya equivalen al importe que costaría alquilar un apartamento de verano durante dos o tres semanas. La compra ya no es racional, y sólo la clase media-alta y alta puede darse el ‘lujo’ de tener residencias vacías, que no sólo no producen sino que generan un gasto constante.
El resultado es que muchas de las poblaciones de veraneo que antiguamente tenían vida durante tres meses, ahora sólo alcanzan estas cuotas de veraneante nacional los fines de semana y parte del mes de agosto. La segunda residencia en propiedad ha dejado de ser una necesidad para convertirse en un auténtico lujo. El alquiler de apartamentos por semanas o quincenas es uno de los recursos más utilizados por las familias por ser la opción más racional.
Gran parte de las segundas residencias tradicionales están aún en manos de los compradores originales, que actualmente son jubilados, por lo que los descendientes siguen dándoles uso. Tendremos que observar en el futuro cómo se traspasa la propiedad de todas estas fincas a medida que fallezca esta primera generación. Posiblemente, durante los próximos años veremos un aumento de oferta de segundas residencias en venta, que, de acuerdo con el presente análisis, no tendría un público objetivo muy claro, al menos en las poblaciones veraniegas de clase media o media-baja.
Lluís Vallès
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